Te veo tomándote el café frío, porque te tocó perseguir a tu pequeño para que se comiera el desayuno antes de salir apurada a comenzar la rutina.

Te veo esperar, afuera del colegio, afuera de la terapia, al lado de tu pequeño, siempre esperar; para que nunca sienta ni por un momento que no vas a volver por él.

Te veo soñar con lo grande que un día va llegar a ser tu pequeño, mientras le ayudas a hacer lo que la terapeuta te recomendó, mientras le ayudas a atarse las cintas, a lavarse los dientes, a peinarse, a jugar y a soñar contigo.

Te veo ser fuerte cuando las cosas se ponen difíciles y parece ser un día demasiado gris.  Mientras conservas la fe, sabes que pasará y el sol de mañana traerá cosas nuevas.

Te veo con temple, cuando el berrinche o la crisis es fuerte… contienes, das cariño, y calmas. Eres fuente de seguridad y alivio como nadie más.

Te veo desvelada, porque cuidaste el sueño de tu pequeño, porque te quedaste pensando en cómo resolverlo todo, porque eres madre y tu corazón no descansa.

Te veo mamá… Pero ¿sabes quién te ve más? Tu pequeño, sabe y aprecia todo lo que haces.

Eres lo mejor que le pudo pasar. Eres su voz cuando no logra comunicarse, eres su refugio cuando todo es abrumador, eres intérprete cuando todo parece confuso, eres confort cuando hay demasiados estímulos, eres fuerza y seguridad cuando el miedo le ataca y sobre todo, eres amor. Así es como conquistan todo juntos, cada meta y cada logro lo alcanzan con amor.

¡Te veo mamá!, aunque realmente… ¡te admiro mamá!

Soy Pahola, mujer, esposa, mamá de dos; uno de ellos con Trastorno del Espectro Autista (TEA). Eso me convierte en embajadora de nuestro planeta en la mente de mi pequeño, quien es amante de la música y la lectura. Una de mis maneras de demostrar amor es a través de la cocina y me encanta aprender de todo.