Cuando decidimos hacer nuestro primer viaje familiar en avión, varios temores despertaron en nosotros: ¿será que nuestro pequeño podrá con el cambio de rutina, con todo el proceso del aeropuerto y con tantas personas extrañas y diferentes?, ¿qué va pasar con la sensación de turbulencia? Pero sobre todo nos preocupaba su sensibilidad auditiva y todo el ruido del avión.

Decidimos aventurarnos, le compramos un par de juguetes para el viaje, realmente eran unos marcadores con dos libretitas pequeñas y una cámara fotográfica de juguete. Le preparamos su mochila con eso, un suéter, un pachón con agua, unos snacks y empezamos nuestra aventura.

Nuestro pequeño estaba asombrado. Sabía que la experiencia traía muchísimas cosas interesantes. Llegó el momento del avión… recuerdo que yo estaba tan nerviosa pues soy claustrofóbica y de por sí es un poco complicado para mí, pero mi mayor ansiedad era la reacción de mi nene.

La mayor de nuestras sorpresas fue que nuestro pequeño hasta celebró el despegue del avión, abrió la ventanilla y gritaba “¡Adiós!” con mucha emoción. Logramos que estuviera sentado cuando era necesario, comió la refacción que nos sirvieron y estuvo muy contento durante el vuelo.

paseo familiar

Se complicó el aterrizaje porque sí le molestó sus oídos. Algunas personas amablemente nos ofrecieron dulces y chicles para tratar de aliviarlo pero él estaba muy molesto. Luego de eso, al realizar de nuevo todo el trámite del aeropuerto se volvió a mostrar muy interesado y contento. En realidad nuestros temores y ansiedades fueron más de la cuenta para cómo nos fue. 

Al final me di cuenta que en el afán de darte mis alas, aprendí que a tu propio ritmo puedes emprender vuelo con las tuyas.

Soy Pahola, mujer, esposa, mamá de dos; uno de ellos con Trastorno del Espectro Autista (TEA). Eso me convierte en embajadora de nuestro planeta en la mente de mi pequeño, quien es amante de la música y la lectura. Una de mis maneras de demostrar amor es a través de la cocina y me encanta aprender de todo.