Decir que no es de esas cosas que es sumamente complicado para algunos y sumamente simple para otros, sobre todo para los niños entre 1 y 2 años de edad.  Pero, si todos pasamos por esa edad en la que le decimos que no hasta a nuestra sombra, ¿por qué después se vuelve algo tan complicado para algunos?  Yo creo que es porque creemos que “no” se equipara con ser maleducados cuando, en realidad, un “no” dicho con amabilidad no solo no tiene nada de malo, sino que también es esencial para nuestra sanidad mental.

No se puede decir que sí todo el tiempo.  No solo nos exponemos a hacer cosas con las que no estamos de acuerdo o que nos hacen sentir incómodos, sino que también nos podemos sobrecargar y parar haciendo más de lo que podemos. 

Sin embargo, a muchos nos cuesta decir que no, sobre todo cuando quien pide un favor es un conocido o un familiar, porque no queremos parecer maleducados o malagradecidos.  Se los digo por experiencia propia: yo suelo decir que sí a todo y, créanme, más de una vez me he metido a más de lo que humanamente puedo hacer.

Pero, entonces, ¿cómo puedo aprender y enseñar a decir “no” con amabilidad? Lo primero que debemos hacer es evaluar nuestras creencias y prioridades para determinar qué es lo más importante.  Es difícil sentirse culpable por decir que no, si tengo claras cuales son mis convicciones y mis prioridades. 

Por ejemplo, ahorita que estoy esperando, mi prioridad es mi bebé y mi embarazo y, por ende, tuve que decir que no a algunas propuestas laborales a pesar de que, créanme, me costó muchísimo.  Entonces, si para ustedes los domingos son familiares, no se sientan mal de decir que no cuando les pidan unirse a un comité de vecinos que se reúne los domingos. 

Luego de tener claras las prioridades y convicciones, el decir que no se hará más fácil. 

Cuando les pidan un favor piensen un momento: ¿esto va en contra de mis convicciones? Si la respuesta es sí, entonces su respuesta debe ser no.  Pero si es algo que no interfiere con sus creencias ni prioridades, piensen bien antes de dar la respuesta. 

Fotografía por Hannah Busing / Unsplash

Si ya en ese momento saben que no pueden, o no quieren hacer algo, díganlo de una vez.  No hay nada peor que las personas que dicen: “Te aviso” y luego simplemente no dicen nada.  Si de verdad no saben porque tienen que revisar algo antes, díganlo y contesten en un tiempo prudencial, de preferencia el mismo día o el día después.

Lo más importante es dar una respuesta firme.  No vacilar, no dar respuestas a medias que podrían ser sí o no, no mandar mensajes mezclados como “Es que no debería, pero te ayudo si de verdad te urge.” Sí es sí, y no es no. Claro y conciso. 

Si tienen una razón verdadera, válida y que no lastime los sentimientos de quien nos está preguntando, por la cual no pueden decir que sí, lo cordial es decirles por qué. Ahora, si simplemente les da pereza, es mejor guardarse el comentario y decir un simple no.

Lo más importante es recordar, primero, que no podemos controlar cómo reaccionarán las otras personas a nuestra negativa.  Puede que lo acepten de buena manera, puede que se enojen o puede que comiencen a insistir e insistir.  En cualquier caso, la clave es mantenerse firme. 

Segundo, y va de la mano con mantenerse firme, canalicen su niño/a de 2 años interior y recuerden que todos tenemos derecho a decir que no, lo único que hay que hacer es decirlo de manera amable.

Es psicóloga clínica egresada de la Universidad Rafael Landívar. Aparte de la psicología siempre le apasionaron la etiqueta y los buenos modales y es por eso que, con una compañera de universidad, fundaron Molly Manners Guatemala: una academia de etiqueta, modales y habilidades sociales para niños y adolescentes. Ahora divide su tiempo entre dar clases de psicología en la universidad, impartir cursos y talleres en su academia, estudiar (que también le apasiona) y pasar tiempo con su esposo y su perro Mr. Pulgoso.