Parece ser que hoy en día somos más groseros que antes: la gente va con tanta prisa que no se da cuenta de que tiene a otras personas alrededor y tiende a pensar que su tiempo es más valioso que el de otros.  Es por esto que es tan importante recordar y enseñar a los niños, la necesidad de ser corteses.

Ser cortés significa tomar responsabilidad por la manera en que nuestras acciones afectan a las personas que tenemos a nuestro alrededor.

Las pequeñas cortesías de todos los días hacen que nuestras interacciones, tanto con extraños como con desconocidos, sean civiles e incluso agradables.

Lo primero, y más importante, es la sonrisa.  Una sonrisa en el rostro y una actitud positiva automáticamente mejoran la atmósfera, estemos donde estemos.  La cortesía implica reconocer agradablemente a las personas que nos rodean.  Lo único que debemos hacer es decir un “Buenos días” a las personas que nos encontramos en la mañana: familia, conductor del bus, monitora, maestros, compañeros, personal de mantenimiento, etc.  Este buenos días es aún más sincero y placentero si va acompañado de una sonrisa.

Para que los niños aprendan a ser corteses es necesario comenzar en la familia: si los niños ven que sus padres tratan a otros amablemente, aprenderán por imitación.

Para esto es esencial que los adultos de la casa siempre:

    • Saluden a su familia y a todos quienes viven en casa todos los días: en la mañana y al regresar del trabajo.
    • Recojan sus cosas: platos, ropa sucia, etc.
    • Tomen una parte activa en los quehaceres del hogar, por ejemplo: si los platos ya están secos, guardarlos aunque no sea su trabajo.
    • Lleguen a tiempo a las comidas, actividades y citas: esto es aún más importante en nuestro país en donde la puntualidad no suele ser nuestro fuerte. El cambio solo llegará cuando nos impliquemos y enseñemos, a través del ejemplo, a los niños la importancia de ser puntuales.
    • Consulten con las personas involucradas antes de comprometerse a alguna actividad social. Esto enseña a los niños a ser considerados y a pesar en cómo lo que ellos desean puede afectar a los demás.
    • Evitan discutir frente a los niños y resolver desacuerdos en privado. Los niños son muy sensibles y si escuchan a sus padres discutir o hablar mal uno del otro, no solo se sentirán afectados sino que aprenderán que esta es la manera correcta de solucionar los problemas.
    • Dan las gracias siempre que alguien  hace un favor, o bien hacen un cumplido cuando se pueda tanto a los miembros de la familia como a quienes nos ayudan en casa: “Muchas gracias Lucía por lavar los platos,” o “¡Qué deliciosos quedaron los frijoles!”. Esto es esencial para que los niños se sientan reconocidos y también para que aprendan a ser agradecidos de los demás.
    • Respetan la privacidad de todos en la casa. Esto es esencial: si quiero que los niños aprendan a respetar mi privacidad, debo respetar la suya.
    • Respetan el punto de vista de los demás, aún si estamos en desacuerdo.

Si los adultos de casa somos corteses en nuestras interacciones tanto con conocidos como con extraños, los niños generalmente nos copiarán.  Es por esto que es esencial que la cortesía comience en casa.

Es psicóloga clínica egresada de la Universidad Rafael Landívar. Aparte de la psicología siempre le apasionaron la etiqueta y los buenos modales y es por eso que, con una compañera de universidad, fundaron Molly Manners Guatemala: una academia de etiqueta, modales y habilidades sociales para niños y adolescentes. Ahora divide su tiempo entre dar clases de psicología en la universidad, impartir cursos y talleres en su academia, estudiar (que también le apasiona) y pasar tiempo con su esposo y su perro Mr. Pulgoso.