Hoy en día ya no son solo los hombres los que deben abrir puertas y sacar las sillas a las mujeres.  La etiqueta moderna dicta que mantener abierta la puerta para quienes vienen es algo amable y que todas las personas capaces de hacerlo, indiferentemente de su sexo, deben hacerlo.

Lo usual es que la persona que llegue primero a la puerta sea quien la abra y la mantenga abierta para que pasen aquellos que vienen detrás.  Esto cobra aún más importancia si la persona que viene detrás es anciana, con capacidades diferentes, va cargando un paquete o lleva niños pequeños.

Lo esencial es no dejar que la puerta se le cierre en la cara a la persona que viene detrás.  Es por esto que, como regla general, debemos siempre voltear a ver cuando pasamos por una puerta lo cual es esencial enseñar tanto a los niños como a los adolescentes.

En el caso de los elevadores, las reglas son iguales: quien está al frente entra y sale primero.  Una vez adentro, luego de presionar el botón del piso al que vamos, nos debemos mover hasta el fondo del elevador.  Si no alcanzamos el botón porque está muy lleno, es adecuado pedirle favor a alguien que lo haga.  Si el elevador viaja al límite de su capacidad, debemos resistir el impulso de meternos a la fuerza, aunque hayamos esperado mucho tiempo, es mejor esperar el siguiente.

Dentro del elevador no debemos quedarnos viendo fijamente a otros, ni cantar, hablar por teléfono o, peor aún, ¡tirarnos un pedito! No se debe hacer nada que moleste a quienes van dentro con nosotros, sobre todo porque es un espacio sumamente pequeño.  Los espejos del elevador son para que el espacio parezca más grande, no para arreglarnos el pelo o revisar si tenemos comida en los dientes.  De suma importancia también: cuando nos vamos a subir al elevador debemos hacerlos a un lado primero y esperar a que bajen las personas que están dentro.

Es una cortesía que tanto hombres como mujeres abran la puerta del carro a una persona mayor o a cualquiera que necesite asistencia.

En una cita, es de suma cortesía que el joven se baje del carro a abrirle la puerta a la señorita cuando la va a recoger y que la abra siempre que ella se vaya a subir.  Háganle saber a sus hijos adolescentes que esta es una excelente manera de impresionar a una chica, aunque ella sea capaz de hacerlo por sí sola.

En cuanto a sacar la silla, tradicionalmente el hombre sostiene la silla de la mujer que tiene a su derecha para ayudarla a sentarse a la mesa.  Pero, hoy en día, las mujeres se sientan solas si así lo desean.  En cuanto a los niños y niñas, hay que enseñarles a siempre ofrecer su asistencia diciendo: “¿Te ayudo con la silla?” Sobre todo, si es una persona mayor, un niño pequeño, una mujer embarazada o cualquier otro que pueda necesitar un poco de ayuda extra.  Nuevamente, si tienen hijos adolescentes, recalquen en ellos la caballerosidad que implica sacar la silla para la chica con la que están saliendo, ¡seguro la impresionarán!

Abrir puertas y sostener las sillas son cortesías de todos los días sumamente fáciles y que demuestran no solo amabilidad sino también respeto por quienes nos rodean.  Como siempre les digo, es esencial que los padres sean corteses ya que los niños aprenderán del ejemplo y nunca está de más enseñarles de manera directa instándoles a que mantengan las puertas abiertas y ofrezcan su asistencia.

Fuente consultada:

Post, P., Post, A., Post, L., & Post Senning, D. (2011). Emily Post’s Etiquette: Manners for a new world (18th ed.). New York: Harper Collins.

Es psicóloga clínica egresada de la Universidad Rafael Landívar. Aparte de la psicología siempre le apasionaron la etiqueta y los buenos modales y es por eso que, con una compañera de universidad, fundaron Molly Manners Guatemala: una academia de etiqueta, modales y habilidades sociales para niños y adolescentes. Ahora divide su tiempo entre dar clases de psicología en la universidad, impartir cursos y talleres en su academia, estudiar (que también le apasiona) y pasar tiempo con su esposo y su perro Mr. Pulgoso.