Si los niños llegaran a nuestra vida con un manual lleno de consejos prácticos, su educación no sería el reto más bello de este mundo.

Como padres de familia, psicólogos o educadores, sabemos la responsabilidad que asumimos desde el momento en que los niños tocan nuestro corazón, brindándoles amor, seguridad, paciencia y dedicación. Soñamos con verlos crecer llenos de oportunidades, felicidad y metas a alcanzar. Cuando empiezan a formar parte de nuestra vida, empezamos a conocer su temperamento y reconocemos que son únicos, por lo que su educación también es única. Simplemente, tenemos claro que el amor nos mueve y a través del mismo asumimos el compromiso para acompañarlos a buscar las estrategias que le permitan encontrar bienestar durante su desarrollo.

Como psicóloga, educadora, tía de dos bellas sobrinas, hermana e hija, a lo largo de la vida he tenido la oportunidad de vivir junto a varias familias las diversas etapas de desarrollo de sus hijos. Acompañar a los niños durante cada período de la vida siempre tiene momentos de felicidad y otros que requieren de mayor esfuerzo. Ser papá o mamá es el regalo más preciado de la vida, es un regalo para las 24 horas de los 7 días de la semana con una duración indefinida.

A lo largo de la vida, algunas etapas son más difíciles y representan un mayor reto y siempre surgen algunas dudas: ¿Qué pude haber hecho diferente? ¿Qué estoy dejando de hacer? ¿Soy yo, él, ella, nosotros o está siendo influenciado por alguien más? Ante las dificultades, ¿cómo puedo tornar esta situación en positivo?

Las dudas y el mundo de posibilidades siempre forman parte de nuestra vida. La diferencia reside en la percepción que tengamos de la situación. Todo depende si vemos la situación como si hemos perdido las riendas o como un obstáculo que nos hará crecer como personas y como familia.

Las situaciones que consideramos difíciles no llegan de la noche a la mañana, sino que se van desarrollando paulatinamente y nos damos cuenta en el momento en que perdemos la paciencia y no logramos encontrar cierta comunicación entre las rabietas y gritos. Junto a diversas familias hemos descubierto que retomar lo bueno depende la percepción con la que vemos la situación, incluyendo destrezas a partir del amor, la disciplina y el trabajo en equipo dentro de la familia y con el colegio; con el objetivo de alcanzar armonía, bienestar y felicidad. A continuación, describiré algunas estrategias que junto a ciertas familias hemos desarrollado para retomar lo bueno y caminar hacia el bienestar:

Trabajar en equipo como familia

El trabajo en equipo consiste en dialogar y ponernos de acuerdo. Como padres, es importante determinar cuáles son las reglas de casa y dialogarlas con los hijos en un momento de calma, aclarar dudas y todos ponerlas en práctica. Por otro lado, definir una rutina como familia permite que los hijos vayan regulando sus emociones y puedan anticiparse respecto a lo que sucederá a continuación; permitiéndoles ser ellos mismos y sentirse relajados.

Escuchar a cada uno de los integrantes de la familia

Permitir que los hijos analicen, reflexionen y comuniquen promueve que formen su propio criterio bajo la guía de sus padres. Para lograr esto es importante que todos estén a una misma altura al momento de hablar, hagan contacto visual y no interrumpan cuando alguien más hable. Si un integrante de la familia está enojado, brindarle tiempo para tranquilizarse, le permitirá mantener la calma al momento de hablar. Reconocer y expresar los sentimientos en familia a veces puede resultar difícil, pero sin duda, valdrá la pena. Como familia, nunca olviden que buscan mejorar la comunicación con alguien que aman.

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Incluir a los hijos ante la resolución de conflictos

El diálogo es una estrategia que permite esclarecer las situaciones difíciles y a la vez permite que los hijos aprendan a autorregularse. La cercanía, apoyo emocional, trato cálido y afectuoso es el primer paso para alcanzar una comunicación efectiva. Promover el diálogo abierto acerca de los sentimientos y opiniones, respetando las diferencias individuales traerá grandes frutos a las relaciones entre todos los integrantes.

Detener una rabieta o berrinche

Engancharse o enojarse por la rabieta o berrinche nos aleja del amor que nos tenemos como familia. Como primer paso, podemos pedirles a los hijos que se expresen con sus propias palabras. En caso de encontrarse en un lugar público, buscar un lugar tranquilo para hablar. Involucrar a los hijos a construir la historia sobre lo sucedido y juntos encontrar la mejor solución.

Intenta no  caer en chantaje, ofertas o promesas difíciles de cumplir.

Conocerse más y elogiar las buenas acciones

Existe información que en la vida cotidiana creemos que no es tan útil, pero hace crecer las relaciones interpersonales. Por ejemplo, conocer el color favorito de la otra persona o con qué animal se siente identificado. A la vez, conocerse más también implica hablar sobre un tema en específico y conocer la percepción de cada una de las personas que conforman la familia. Ante buenas acciones, un elogio o un abrazo siempre serán más efectivos que una crítica.

Buscar tiempos de diversión en familia

Compartir tiempo libre en familia siempre traerá buenos resultados. Es una experiencia gratificante para todos cuando juntos eligen las actividades de diversión a realizar en un horario y día en específico. Las actividades de recreación que se disfrutan en familia fortalezcan los lazos de amor.

Mujer, hija, hermana, tía, psicóloga clínica y actual estudiante de una maestría en Psicoterapia de la Universidad Iberoamericana de Puebla.