A los niños les encantan las mascotas, y es que las mascotas cambian vidas, son una compañía constante y fiel. Tener una mascota nos hace felices, sin importar la edad que tengamos.

En caso decidas tener una mascota es importante explicar a tus hijos que no es un juguete, sino una responsabilidad, ya que los animales de compañía requieren una serie de cuidados y tienen necesidades especiales que debemos cubrir.
Convivir con una mascota desde una edad temprana puede ser una buena escuela para tu hijo, aportándole seguridad en sí mismo y en las relaciones con su entorno, entre otras ventajas.
Estas son algunas de ellas:

  1. Enseña la responsabilidad
    Dependiendo de la edad de tus hijos, puedes atribuirles tareas propias del cuidado de una mascota: que esté pendiente de los alimentos y de la hora de comer, a escogerle juguetes, el cepillado y baño, etc. Darles una lección sobre el sentido de responsabilidad es algo que los acompañará por el resto de su vida.
  2. Estimula la curiosidad
    Al convivir con una mascota los niños se interesan por conocer otros aspectos de esta, y además, aprenden sobre otras especies del reino animal.
  3. Estimula el ejercicio físico
    Si la mascota de casa es un perrito, es en definitiva una buena “excusa” para dar un paseo, jugar a la pelota, o cualquier actividad física. Además, con otras actividades puedes estimular la motricidad fina, como llevar agua al perro, o darle la comida.
  4. Menos alergias
    En la mayoría de los casos, una exposición temprana de los niños a los animales domésticos, reduce el riesgo de problemas de asma y alergias.
  5. Los prepara para convertirse en hermanos mayores
    Si de momento es el único niño de la casa y en un tiempo llega un hermanito , los celos que pueda sufrir se verán mermados ante la experiencia de contar con un miembro más en la familia.
Mamá de dos niñas, una en la tierra y una en el cielo. Diseñadora Gráfica en la vida real y amante de los libros, del arte y de las innovaciones gastronómicas en la vida ideal. Creo fielmente en que la paternidad es una evaluación constante, diaria, para toda la vida; y que el resultado de nuestro trabajo lo veremos siempre en las acciones de nuestros hijos.