Hay algo de lo que la Mamás no hablamos y es que muchas veces estamos solas. Vivimos en soledad con nuestros pensamientos y nuestros grandes temores.

Debo admitirlo: en la sociedad en donde vivimos reconocemos que la cabeza de familia y el que da la última palabra es el marido… pero la mayoría de veces esa palabra final es “tramitada” por nosotras que con una frase o un gesto inclinamos la balanza hacia nuestra meta final: una familia unida y feliz.

Mientras tanto, nos quedamos con nuestras dudas: ¿lo estamos haciendo bien? ¿Es este el camino correcto? ¿Es la mejor forma de educarlos? ¿Eso buscamos como familia? ¿Este hecho en concreto con los hijos, dará los resultados deseados? ¿Estoy dando buen ejemplo?

Son miles y miles de preguntas las que nos atormentan en las noches.

Hoy estaba viendo a uno de mis hijos armar sus legos que le regalaron para Navidad y pensaba: para una mamá de un hijo que se desarrolló de forma normal es algo que se espera que haga… para mí: ¡un triunfo incalculable! Ver a mi hijo con déficit de atención, pasar una tarde armando legos era algo muy lejano. ¡Finalmente lo logramos!, ¡por lo menos hoy!

Ver a mis adolescentes decidir libremente no salir hoy por evitar la malas juntas, aunque sea por temor a la consecuencias con el papá, es otro logro. ¡Gracias, porque hoy decidieron lo que era mejor para ellos..!

Pero ¿realmente es ese el camino correcto? ¿Es esa la forma de educar un niño con déficit de atención? ¿Es ese el camino para educar a los hijos libremente?

¡No lo sé!

¿Es esa la manera de guiar una familia por el buen camino?

¡No lo sé!

Sé que quiero una familia unida, correcta, que luche por hacer una mejor sociedad, un mejor país, un mejor mundo para las futuras generaciones… ¿Lo estoy haciendo bien? ¡No lo sé!

Sé que todas la noches duermo con dudas, sé que cada mañana amanezco con nuevas ganas de hacerlo bien.

Sé que es un camino muy solitario…

Si hablas de tus dudas abiertamente siempre habrá una “Mamá perfecta” que con cara de supremacía y soberbia moral te dirá que no es así… que te falta mundo, experiencia, educación, lecturas y mil cosas más…

A veces pienso que es sentido común poder educar bien a mis hijos, otras veces pienso que salen buenos solo porque Dios quiere que así sea, a veces me dejo llevar por las inseguridades que me provocan los juicios ajenos que al final no sé si son reales o imaginarios.

Algunas noches como hoy, quisiera hacer como las avestruces y solamente pensar en mi copa de vino que tengo en frente y disfrutar el momento.

Ya mañana será otro día en donde me topare con decisiones tan trascendentales como formarlos en total libertad o ser una mamá dictadora que se porta como un coronel ante cuatro niños que buscan su camino en la vida.

Solo puedo pedir a Dios sabiduría, paz y sobre todo seguridad. Seguridad en el actuar. No hay nada peor que no saber lo que se debe hacer.

Pienso qué es mejor si dar una orden equivocada o no dar ninguna.

Pienso, pienso, pienso…

¿Cómo se calla esta máquina que tengo en la cabeza? ¿Cómo se bajan las revoluciones de mi mente?

Escribo esto escuchando a uno de mis hijos tocar guitarra y solo puedo pensar en que va desfasado en el ritmo de los acordes y que no tiene afinada la voz…

¿Cómo hacer para sorprenderme simplemente por el esfuerzo que hace?
¿Cómo bajar la exigencia y buscar que sean felices?
¿Cómo parar de pensar? ¡¿Cómo lograr disfrutar?!

Pienso, pienso, pienso… que si juegan mucho Play.. que si juegan poco Play… que si hacen poco deporte, que si hacen mucho deporte… Que si comen mucho… que si comen poco…

¿Cómo se para?

Se acerca uno de mis hijos en este momento y me dice: ¡Hola mami! Te quiero mucho…

¡Y la paz vuelve a mí con una frase tan corta! Veo que con su cara feliz me dice: ya sé qué quiero para la próxima navidad: ¡LEGO! Me da un beso y se va.

¡No se necesita más… esa es la vida de la Mamá Imperfecta!

Mujer, esposa, madre de cuatro niños, hija, amiga, hermana, tía. Imperfecta, alegre, enamorada.