Después de recibir la noticia que mi bebita tenía Síndrome de Down, pensé: ¡Tengo que aprender más!.. Leí muchísima información en internet, información que no sabía cómo filtrar, ya que no tenía ni idea de qué era, por qué pasaba o qué efectos tendría en su desarrollo.

Con toda la información que leí durante dos meses, aprendí que el Síndrome de Down es la anomalía genética más común que hay, pues se registra un caso cada 800 nacimientos, y lo más importante: es una condición de vida y no una enfermedad.

Todos los seres humanos tenemos 23 pares de cromosomas sumando un total de 46, que es el contenido genético de nuestros padres. En el caso de este síndrome, en la concepción, cada cromosoma busca su par y se va uniendo, pero en el par 21 aparece de colado un tercer cromosoma y esta es la razón por la cual el Síndrome de Down también  se llama Trisomía 21. Esto sucede sin importar raza, nivel socioeconómico o edad. Las estadísticas muestran que el 80 % de las madres que tienen un bebé con SD, tienen entre 20 y 30 años de edad.

Este síndrome provoca un atraso en el habla, en la motricidad gruesa y fina, también provoca discapacidad cognitiva en un nivel de leve a moderado…  Leí información un tanto desalentadora: estadísticas de enfermedades de tiroides, pulmones, corazón, enfermedades gastrointestinales, a veces sordera, miopía o estrabismo, leucemia y la lista seguía. En ese punto, me pregunté: ¿cómo así?, no puede ser que estos niños tengan tantos problemas… pero después de analizar toda la información concluí que estas son solo estadísticas, cualquier bebé tiene riesgo de padecer alguna enfermedad. Ahora bien, lo que si tenía claro era que debía intervenir de inmediato  para que María desarrollara su máximo potencial.

Con mi esposo fuimos a la Fundación Margarita Tejada, aun con un poco de tristeza, de confusión y con algunas preguntas en mente. Una psicóloga nos platicó del Síndrome de Down, información que ya me sabía de memoria, pero que era noticia para mi esposo. Después de un rato nos preguntaron cuáles eran nuestras dudas. Yo pregunté con lágrimas en los ojos y con preocupación ¿qué va a pasar con María?, ¿cómo se irá desarrollando?, ¿se enfermará?, ¿la aceptarán?

Ella me dijo: “Esas respuestas no las tengo, nadie las tiene, no sé qué pasara con María en un futuro, pero si se pone a pensar usted tampoco sabe qué pasara con sus otros hijos, si se enfermarán, si se casarán, si estudiarán o qué estudiaran… Lo más importante es que usted tiene un nuevo integrante en la familia, ámela sobre todas las cosas y decida cómo quiere que sea vista ante los demás, como ustedes vean a María, los demás la verán. Esas palabras hicieron eco en mi mente y pensé… ¡Claro, tiene mucha razón!

Yo ya estaba enamorada de mi bebé desde el día uno de su nacimiento. Con esas palabras pude afirmar que era importante mostrar mi orgullo por María: a mí nadie me tenía que convencer de lo afortunada que era de tenerla y yo tampoco quería convencer a nadie. Desde entonces he ido y voy a todos lados con ella, me encanta ver cómo los demás la ven con ternura, cómo es de simpática y busca la mirada de los demás para saludar o para despedirse. Sé que alegra a muchas personas el hecho de conocerla e interactuar con ella. Los demás me dicen: ¡qué linda es, felicidades!, yo me lleno de orgullo y con una gran sonrisa les digo ¡gracias!

Me di cuenta que la condición de María no la definía, ella posee una gran personalidad: es curiosa, cariñosa, risueña inteligente y muy simpática. Es como cualquier bebé que quiere ser mimada, quiere jugar y socializar.

Su desarrollo va a un ritmo más lento, pero no deja de avanzar, y de aprender, de hacer nuevas gracias y tener nuevos logros.

Para entonces, vi el panorama más claro, aunque tendría que trabajar el triple para estimularla, tendría también el triple de satisfacciones por sus logros, el triple de felicidad por sus avances. Y allí comenzó el camino a su desarrollo en la Intervención Temprana…

Soy psicóloga industrial, me encanta leer, tomar cursos sobre psicología, desarrollo personal y me encanta compartir con mi familia y amigos. Tengo una maravillosa familia y llevo 16 años casada. Ahora estoy feliz de poder escribir en este blog y abrir las puertas de mi vida.