¿Les ha pasado alguna vez que tenían alguna idea preconcebida de algo o alguien y hasta que conocen se dan cuenta que estaban equivocados?    Antes de María, no me percataba sobre los mitos que había alrededor del Síndrome de Down. Simplemente era un mundo ajeno, por eso sé que a muchos les pasa lo mismo y creen en mitos. Quiero compartir con ustedes algunas anécdotas que me han hecho reflexionar sobre la importancia de derribar estos mitos y barreras para conocer realmente a las personas con Síndrome de Down.

Un día fui al súper con María. Ella tomó su carretita para ayudarme a comprar: quería meter todo lo que le llamaba la atención. María se hacia la adulta y decía “Voy a comprar esto y esto…” Ella metía y metía, y yo le decía “Eso ya lo tenemos en casa”, “Eso no lo necesito”. Cada artículo que yo sí necesitaba le decía a María: “Mira, vamos a llevarnos esto… llévalo tu por favor”. Ella se sentía importante y feliz.  

Pasamos por el pasillo 6 y una señora se acercó a María y se agachó para darle un beso en la frente. Solo así, sin permiso y sin pena. Fue tan rápido que me quedé inmóvil, la señora me dijo: “Ellos son ángeles en la tierra” y se fue.  Solo le dije a María “Despídase mi amor, diga adiós”. María me dijo: “¡No queyo!”, mientras cruzaba sus bracitos. Creo que no le gustó ese acercamiento, y para serles sincera a mí tampoco. Sé que la señora no tenía intención de incomodarnos, pero el espacio vital aplica para todos.

Mitos SD

De esa cuenta, me quede pensando en lo común que es que la sociedad piense que los niños con Síndrome de Down no tienen esa necesidad de su espacio vital, se cree que ellos siempre estarán dispuestos a dar y recibir besos y abrazos, pero en realidad ellos al igual que los demás niños necesitan sentirse en confianza. Algunos son más sociables y otros más reservados.

También se cree que son ángeles en la tierra y eso es un mito. María no tienen nada de angelita: es tremenda, voluntariosa, traviesa y asertiva. El pensar que los niños con Síndrome de Down son ángeles solamente perpetúa un mito, porque se espera que siempre sonrían, que siempre sean cariñosos, que estén dispuestos a ayudar y que no se enojen.

¿Por qué serían diferentes a otros niños si la única diferencia es que tienen un cromosoma de más? Cromosoma que los hace tener un desarrollo más lento, pero son como cualquier niño, con sus propios gustos, personalidad, carácter y con ganas de descubrir el mundo como todos.

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Otro día estaba en un centro comercial en un mercadito inclusivo, vendiendo los aretes que diseño. A mediodía, mi familia había llegado a almorzar conmigo y después de almuerzo, María me acompañó a estar en mi puesto de aretes.

Se acercó una señora, vio a María, y me dijo: “Que Dios la bendiga, ellos son lindos”. Puso una mano en su corazón y en su expresión se veía un poco de lástima, le sonreí nada más. Se acercó a ver lo aretes y me dijo que me compraría por ayudar a mi causa. Yo le respondí: “Hago estos aretes porque me encanta diseñarlos y que las mujeres luzcan algo que les complemente su estilo. No tenga pena, si le gustan cómprelos, pero no es por una causa”. Me respondió: “Sí, me encantan, pero también quiero apoyarla”. Sacó un billete y me compró unos aretes.  La señora muy linda se despidió de María “Adiós mi amor” y ella levantó su manita y la movió para despedirse.

María me inspira a diseñar y hacer los aretes y también esto me ayuda a tener tiempo con ella.

Esta anécdota me hace pensar que muchas veces la sociedad siente lástima con la familia que tienen un integrante con Síndrome de Down o por las mismas personas con SD, y eso no me molesta, pero están errados completamente. No saben la felicidad que sentimos, el amor que experimentamos diariamente con nuestro familiar, lo felices y amados que son.

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Como mamá de María me siento la más feliz de tenerla. Soy la más afortunada. De verdad les digo que una cosa es que sea más trabajo sacarlos adelante en cuanto a su educación y su desarrollo, y otra cosa es cómo nos sentimos. Todas las familias que tienen un hijo o familiar con SD que conozco se sienten como yo.

Ni los mitos ni las etiquetas suman. Lo que sí hace falta son oportunidades y respeto a sus derechos. ¿Cómo es posible que se normalice el que no haya opciones de educación regular, seguros médicos, oportunidades de trabajo?

Todas las personas nacemos con talentos y fortalezas, todos podemos aportar a la sociedad de alguna manera y ser útiles y productivos. Este mercadito que les cuento era inclusivo, había muchos productos hechos por personas con Síndrome de Down: salsas exquisitas, jales deliciosas, champurradas, empanadas, pulseras, macetas, tantos productos lindos y buenos. Admiro su empuje y persistencia para salir adelante, lo único que necesitan son oportunidades.

Este es un llamado a la reflexión para que veamos a las personas con Síndrome de Down sin pena, sin mitos, sin etiquetas, sin prejuicios. Intentemos ver más allá de esos ojos rasgados y descubriremos que hay una persona como tú y como yo. Con sueños, fortalezas y debilidades y con una personalidad única. ¡Estoy segura de que quien se dé la oportunidad, se asombrará!

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Soy psicóloga industrial, me encanta leer, tomar cursos sobre psicología, desarrollo personal y me encanta compartir con mi familia y amigos. Tengo una maravillosa familia y llevo 16 años casada. Ahora estoy feliz de poder escribir en este blog y abrir las puertas de mi vida.