el güisquil… y Ximena y Fátima y Anneliese y Emilio.  Todos han preguntado ¿qué pasaría si fueran hijos únicos? O por lo menos solo con un hermano: Sebastián, quien por el momento es tierno con todos y no se mete con nadie.

El deseo de ser único obedece, creo yo, a la creencia popular de asumir  que ellos son felices porque existen, así sin más. Y además, creo que mis hijos sospechan  que media humanidad los chinea y la otra media humanidad les compra todos los juguetes, golosinas y paseos que deseen.

La primera vez que uno de mis hijos me lo planteó, yo he de ver puesto cara seria como las vacas y recuerdo que un hoyo se instaló en mi estómago al mismo tiempo que me pregunté si había educado bien a ese hijo, ya que por lo visto no le agradaba eso de ser uno entre media docena. Pero con el correr de los años me he dado cuenta que es una de las peticiones al genio de los deseos que casi todos los niños tienen. 

No tengo memoria qué le dije al primero, pero sí recuerdo qué le dije a Anneliese hace dos o tres semanas. ¿Qué pasaría si fueras hija única? Te aburrirías…  no tendrías con quien platicar, jugar, gritar, pelearte…  Pero ya aterrizando en el plano positivo, piensa ¿quién te cuidaría, apapacharía y demás?  Se quedó pensativa pero se ve que siguió frotando la lámpara porque de repente le agarran sus preguntaderas y sus ansiedades por ser el centro de la atención.

A pesar de la metralleta de deseos únicos, cada vez me convenzo más que la Marimba está feliz de ser marimba y que se necesitan uno a otro como la raíz a la tierra.  Hace dos años, las musas de la familia asistieron a un curso de vacaciones. El día de la clausura fui y el comentario de una mi amiga fue: «como se cuidan entre ellas, ¿verdad?«, yo pensé: no han de ser mis hijas porque en mi casa solo se viven dando riata. Pero sí eran ellas. 

Hace solo pocas horas, Anneliese anunció que iba a ir a la tienda. Unos tres minutos después, sus hermanas partieron al mismo destino. Al rato regresaron alarmadas que  la chiquitina no estaba en la tienda ni en la otra tienda ni en la otra…  Mi cuñada las acompañó. Luego de unos minutos, regresó Fátima con el corazón en la garganta anunciando que no la habían encontrado. Salí yo, alarmada pero no tanto porque ya les sé las mañas… Apenas iba subiendo la cuesta de mi casa cuando vi la figurita de Anneliese que venía con su peleque agitado por el aire. Me regresé para la casa y encontré a Ximena al borde del llanto: su hermana no estaba. Yo le conté que ya venía.  Todo resultó como la canción: «Sal de allí chiva, chivita».  Emilio y Nícolas salieron con unos sus amigos y su papá a jugar al parque, Anneliese no creía que eso fuera verdad y se fue a buscarlos al parque… Ximena y Fátima   siguieron desesperadamente a Anneliese, Lesbia y yo seguimos a todos… Y al final, los varones regresaron felices, Anneliese tenía cargo de conciencia por irse tan lejos sin permiso y sin avisar y sus hermanas la consolaban y aconsejaban no volverlo a hacer porfavorporquetodosestábamosmuypreocupadosporti. Fueron ellas quienes la animaron a venir conmigo para que yo le explicara por qué no era conveniente andar por allí de fugitiva. 

También recuerdo  lo que pasó en la mañana familiar del colegio de mis hijas. Todos ganaron premios, pero la suerte no le sonrió a Fátima. Cuando nos estábamos alistando para venirnos, a la princesa le brotaba la frustración. Entonces, Anneliese sin pensarlo le regaló su alcancía de cochinito que había ganado.  

Le dio su cochinito, pero yo estoy segura que antes le dio su corazón.  Y esto es posible porque tienen sentido del otro. Han aprendido a vivir en comunidad y su chip se ha ido configurando para pensar en los demás. Podrán acostumbrarse a cualquier cosa menos a ser  hijos únicos.
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Noti parranda: ¡Sebastián cumple 1 año este domingo! 

Soy mamá de seis hijos y directora editorial de Niu. Me confieso como lectora empedernida y genéticamente despistada. Escribo para cerrar mi círculo vital.