Si Renato y yo dicidiéramos elaborar un álbum con todos los dibujos que nuestros pupilos nos han hecho creo que tendríamos un ejemplar taaan grande que tendríamos dificultad para encontrar un lugar ideal para guardarlo.  Inician más o menos a los cuatro años.  Ellos buscan dibujar algo excepcional para obsequiarlo.  De allí han nacido tarjetas para el día del cariño, día de la madre. cumpleaños, de consuelo, un simple saludo… cualquier ocasión es buena.

Siempre me causa gracia ver los dibujos de los más pequeños, pues son muñecos un poco amorfos que tienen una cabeza enorme y las piernas y los brazos terminan invariablemente en un círculo. Conforme se van especializando le incluyen cabello (colocho, la mayoría de las veces) y sonrisas.  Luego, dependiendo de la práctica, sus dibujos se van mejorando.  Ximena y Fátima pueden esbozar ahora cualquier tipo de personaje y la verdad es que lo hacen mejor que yo.

Es común para nosotros recibir una hoja reciclada con sencillos mensajes, lindas imágenes y un beso tronador que funciona como broche de oro para el regalo.  Incluso cuando Anneliese solo sabía escribir las vocales, su mensaje de amor era  a,e,i,o,u.  Ahora ya es capaz de escribir Te amo.  Emilio dibuja monstruos, Transformer, hombres araña.  En las imágenes de las mujeres no faltan las princesas, las mariposas, las flores y las casitas. Recuerdo que de pequeña yo siempre dibujaba una casita con el mismo techo, mismo caminito, mismas flores y mismas nubes.

En ocasiones, mis retoños buscan un buen regalo para su mami Juanita, para sus abuelitos o primos y lo primero que se encargan de preparar es una dedicada tarjeta.  De hecho, cuando yo salí del hospital ahora que nació Sebastián me encontré con cinco tarjetas diferentes. 

Lo mejor de esto, creo yo es que los genuinos mensajes nos sirven para reemprender el camino cuando las fuerzas se acaban. Hace algún tiempo comentaba en el blog cuánto me servía un mensaje que Ximena me escribió en mi agenda. Cuando tenía ganas de morder a alguien o frustarme por alguna dificultad, me dirigía a mi página de oro. Allí se acababa todo o por lo menos casi todo. Cuando el año se acabó y cambié de agenda, no dudé en arrancar la página y guardarla en mi nuevo libro organizador.

Sin duda, todo esto se grabará en nuestra memoria pero habrá algunos dibujos que trascenderán el tiempo y nos harán sonreír en nuestra vejez.

Soy mamá de seis hijos y directora editorial de Niu. Me confieso como lectora empedernida y genéticamente despistada. Escribo para cerrar mi círculo vital.