Declaro que te extraño

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Recibí la noticia un domingo por la mañana. Regresé a mi cuarto llorando. Pasé así durante varios minutos, mientras Renato me consolaba. Después de tantas cosas que hemos vivido, la verdad es que he perdido el pudor y lloro frente a los marimberos cuando algo me duele mucho.

Y saber que María Mercedes, la bebé de mi maravillosa amiga Andrea, se fue al cielo; hizo que llorara sola, con mi esposo, con mis hijos…

Y ahora, necesito escribir. Porque cuando hablo solo consigo balbucear; cuando escribo, mi yo encuentra el camino que necesita recorrer.

A María Mercedes

El cielo te ganó y no te culpo. Muchas personas  trabajamos y luchamos todos los días por llegar y experimentar la paz y el Amor que solo Dios puede dar. Es el lugar perfecto, lo sabemos. Pero, cómo nos duele no haberte conocido, arrollado y regalado muchos besitos. Nos hubiera encantado recrearnos en tus ojos, gozar de tu olor a nuevo, alegrarnos por cada nueva gracia que hicieras.
Sí, nos hubiera gustado verte crecer y llenarnos de alegría. Pero Dios te eligió. Quiso ahorrarte esa «mala noche en una mala posada»  como describía Santa Teresa el paso por esta tierra…Y entonces, envolvió tu alma con tal ternura que no conociste el dolor.
Te pienso mucho. Te imagino. Te abrazo espiritualmente.
Busco respuestas y encuentro  relaciones. Una de ellas es saber que llevas un nombre perfecto. Nacerías en el Año de la Misericordia y tu nombre es Mercedes, ¿bello, no?Además, hay algo que siempre quise y que serás tú la primera en saberlo: deseé ser tu madrina. Pero ahora, soy tu ahijada. Yo necesito que me eches una manita para portarme bien: cada día me cuesta más…

A Andrea: 
Somos gemelas de realidades y sueños. Desde siempre le he dicho que hay algo eléctrico entre usted y yo. O usted es Motta o yo llevo su apellido.Y el dolor de perder a una hija también lo hemos vivido ambas. Sabemos que es uno de los más profundos que se puede experimentar. Aunque el sufrimiento es personal, quiero que sepa que mi corazón está unido a su dolor, que pienso en usted continuamente, que quisiera acompañarla en todo momento. Que al igual que usted, le pregunto a Dios ¿por qué, Señor… por qué?

Pero, el por qué es un laberinto que no entenderemos en esta vida. La salida a ese laberinto es buscar el para qué. Y yo ahora mismo, solo tengo una respuesta que espero no le parezca simplista. Todo está en esa vivencia de Facundo Cabral:

«Cuando murió mi esposa y mi hija en un accidente aéreo, me llamó la Madre Teresa. ¿Sabes qué me dijo? 


– Ah caramba, ahora sí tienes un gran problema: ¿dónde vas a poner el amor que te va a sobrar?


Y me llevó a Calcuta a lavar leprosos y me salvó. Pon el amor donde haga falta».

Andrea, ¿dónde vamos a poner todo el amor con el que esperábamos a María Mercedes? Tenemos ahora una misión y ella nos observa vigilante desde el cielo: pongamos el amor donde haga falta.

Soy mamá de seis hijos y directora editorial de Niu. Me confieso como lectora empedernida y genéticamente despistada. Escribo para cerrar mi círculo vital.