Si el eterno devenir cotidiano pudiera sintetizarse en una palabra, esa sería: adivinanza. En torno a cada uno hay muchas preguntas y, gracias a Dios, también hay respuestas. Si no, simplemente enloqueceríamos.  A todos nos gusta adivinar y sobre todo acertar. Ante una persona, cuestión o suceso, esa  araña llamada cerebro tiende hilos para concluir en algo.  Puedo, deducir entonces que a los niños les encantan las adivinanzas porque al mismo tiempo que estimulan la imaginación, pueden llegar a aumentar la certeza sobre la concepción de tal o cual cosa.  
Es probable que los lectores piensen que el primer párrafo es en sí mismo una adivinanza. Talvez sí, talvez no. Más creo yo que es un monólogo al que le doy rienda suelta cuando Fátima de manera muy íntima me susurra: Mami ¿podemos platicar?  Llego dispuesta a escuchar la revelación del siglo, o sencillas aventuras de colegios y amigas. Algo me cuenta y después sale el peine: “¿Será que podemos jugar de adivinanzas?»  A Renato, mientras va manejando, también le ataca la misma pregunta con la constancia de la lluvia.

Pero no crean que las que les gustan son las adivinanzas comunes y corrientes , las que todos sabemos y contestamos sin parpadear:

¿Cielo abajo,
cielo arriba y
agua en medio?
 

No, señoras y señores… a mis hijos les gusta inventar y que les inventen adivinanzas y esperan que uno lo haga con la rapidez de la luz.  A mí, el ejercicio me sirve pero mi problema es que me gusta que todo rime y allí ya se complican las cosas. Entonces a mis retoños no les queda más remedio que esperar que su mami piense una misteriosa pregunta a una velocidad de 32kb.
A pesar de lo anterior, hay adivinanzas que les han conquistado el corazón y las repiten aun cuando saben que su interlocutor conoce la respuesta. La más famosa y  la que ha sufrido más transformaciones que una estrella de cine es:

¿Tiene escamas pero no es pez,
tiene corona pero no es rey?

De repente es el rey el que tiene escamas o las escamas tienen ojos (porque éstos también tienen que ver con la respuesta), o la corona la tiene el pez y las escamas los ojos… etc., etc., etc.  Emilio incluso ha inventado versiones que tienen la respuesta incluida…

En esos encantadores momentos de prueba, duda y aciertos han surgido adivinanzas realmente buenas, y otras tan enigmáticas que dos meses después no han encontrado respuesta. Por ejemplo, un día que jugábamos y le tocaba el turno a Anneliese, dijo:

¿Es café pero no es esto (señalando un pedazo de madera)?

Como respuesta obtuvo un ataque de risa materno que duró alrededor de cinco minutos, que luego evolucionó a risas en masa; después a llanto de tanto reír y por último en escándalo de Ximena que ¡no podía creer! que su mamá no fuera capaz de controlar un ataque de risa.  

A pesar de todas las dudas que se siembran a diario en el terreno de mi hogar, de algo estoy segura: las adivinanzas son un medio para divertirnos pero también para explotar la imaginación y desarrollar las habilidades analíticas y del lenguaje. Fátima incluso acaba de concluir una especie de catálogo en el que incluyó algunas preguntas y las ilustró.

Si un día se topa con un miembro de nuestra marimba y no sabe qué decirle, invéntele una adivinanza… ya verá que bien lo pasará.

Para terminar, les dejo algunas de las adivinanzas marca registrada, espero que acierten.

Una serpiente gris y larga
aunque a veces es luminosa,
no siempre es venenosa.

Cuatro hermanas muy veloces,
todas muy valientes,
pero dos de ellas 
por más que corren y corren
nunca alcanzan a sus parientes.
Soy mamá de seis hijos y directora editorial de Niu. Me confieso como lectora empedernida y genéticamente despistada. Escribo para cerrar mi círculo vital.