Renato ya me había advertido: de repente nos va a pasar lo de Mike Wasowski. Y yo inmediatamente imaginé las tomas televisivas de nuestra familia hablando en mudo, mientras pasaban los créditos del programa. 

A pesar
de la preparación psicológica, el jueves nos sentamos todos frente a
nuestra pantalla no tan plana a vernos en televisión.

Era un ambiente simpático: de algarabía, de expectativa, de nervio, de ¿cómo se va a oír mi voz?  Mi pregunta/preocupación recurrente era: «¡Me voy a ver maaaaás gorda! Si Botero me ve, me pinta…» Pero un día, le hice ese comentario a Fátima y ella con ese amor que solo pueden tener los hijos me silenció con un «¡tú te ves bonita, mami!». Eso es amor, pensé. 

Pero bueno, regresemos al jueves por la noche. Increíblemente estábamos los ocho acomodados  estratégicamente en la misma cama. Bien cenados y sin pendientes para no interrumpir por nada del mundo. Y lo bueno, empezó incluso antes del programa: llegamos todavía a ver la colita de un reportaje de A fondo. Era sobre niños que viven en la pobreza. Unas imágenes impactantes junto a una lapidaria frase: «Juntar botellas es lo más triste, porque tengo que juntar 20 costales para ganar 20 quetzales». Renato y yo no vimos en silencio. Mis hijos no hablaban. Creo que todos teníamos un nudo en la garganta. Al concluir el programa, dimos gracias a Dios por lo que tenemos. Pero, luego descargamos el vídeo y seguramente esta semana lo veremos completo. Hace rato que queremos hacer algo en familia. Algo para ayudar a otros, para compartir un poquitito de lo que tenemos. Esto será una buena forma de despertar conciencias y alentar corazones. 

Al concluir A Fondo, escuchamos la conocida entrada musical  de Un show con Tuti. Allí íbamos a salir en unos segundos y el nervio se sentía. El programa era sobre Familias Numerosas. Y aunque cuando aparecemos en cualquier ambiente, mucha gente nos mira con ojos de «Son demasiados», en esta ocasión éramos los menos numerosos: la otra familia era de ocho y la otra ¡de once! O sea, nos chamarrearon.

Durante el programa, Nícolas y Sebastián se reían a pierna suelta de lo que habían dicho o hecho. De los rostros, de las voces, de los inventos… El Sebas por ejemplo, inventó que al abrir uno de nuestros huevos sorpresa, le había tocado ¡un helayo de chocoyate!, en lugar de una penitencia. Y luego, terminó comiéndose el chocolate que yo honradamente gané. 

Al final de la transmisión, algunos repetimos la frase de la canción que interpretó la familia Gramajo: «te agradezco, Señor por tener algo que pedirte y mucho que agradecerte…»

Días antes del debut televisivo les habíamos avisado a nuestros familiares, amigos, conocidos, vecinos… pero da la casualidad que no le recordamos a Rafita. Nuestra querida Rafita se quedó sin ver el programa y con la ilusión guardada, por culpa de un olvido. Pero el viernes mismo, después de almuerzo, la sentamos a verlo en línea. Por supuesto, muchos de los marimberos se fueron junto con ella para reírse nuevamente de las ocurrencias de ese día.  

Fue una experiencia grata, diferente, curiosa. Una oportunidad para compartir y sonreír en familia. Por cierto, A Anneliese alguien la «reconoció» al siguiente día. ¿»Tú saliste ayer en la tele, verdad?» Ya imagino los ojos pizpiretos que hizo. 
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PD. Para ver el programa completo, puede ir a nuestro canal de Yutube

Soy mamá de seis hijos y directora editorial de Niu. Me confieso como lectora empedernida y genéticamente despistada. Escribo para cerrar mi círculo vital.