Del amor se ha dicho mucho pero todo se queda corto. Tan corto, tan corto que a veces es mejor no decir nada. Sin embargo hoy estoy empecinada en hacer un comentario enano.

El amor es esperanza. Muchas veces en el día hago un parón obligado por mi mente curiosa. Me cuestiono si verdaderamente estoy educando bien a mis hijos porque me topo con aquella actitud, aquella respuesta, aquella acción que están lejos de mis ideales de madre perfeccionista.  Y a veces, mi única respuesta es preguntame ¿estoy amando lo suficiente? ¿mis hijos saben que yo los amo?  
Y después de cada pregunta, me hago el propósito de retomar los abrazos, los besos infinitos amortiguados en las mejillas sedientas de cariño. En cargar a la que tiene 10 años como si fuera una recién nacida. En acompañar a Nícolas a hacer algo aunque él ya lo haga a la perfección, en aceptar que alguien se siente en mis piernas y trabaje junto a mí los free lance que elaboro desde mi hogar, en consolar a alguien cuando le duele el pelo, en ayudarlos a rezar por algo que les preocupa, en no reírme por los inconvenientes que para un niño se convierten en desgracias, en sobar un golpe que yo sé que no duele…

En la familia, no hay amor suficiente… siempre hay que desbordarse. Si uno se desborda, los frutos van a ser abundantes, de buen ver y buen comer.

Soy mamá de seis hijos y directora editorial de Niu. Me confieso como lectora empedernida y genéticamente despistada. Escribo para cerrar mi círculo vital.