La naturaleza siempre te da sorpresas. A nosotros nos regaló seis… Pero lo más interesante es que  las envió en «patrones». Lejos del insólito 3 mujeres – 3 hombres, hay códigos que aún me gustaría descifrar. Les cuento:

1. Ximena y Emilio: primera mujer y primer hombre. Morenos los dos. Ocurrentes como ellos solos. Solo cienes, también. 

2. Fátima y Nícolas: segunda mujer y segundo hombre. Blancos los dos. Pero blancos, blancos… y de bonitos ojos. Nobles. Piadosos. Esforzados.

3. Anneliese y Sebastián: tercera mujer y tercer varón. Tostaditos caribe. Eléctricos y activos como ellos solos. Musculositos, fuertes y de personalidad histriónica. Simpatiquísimos.

Pero, lejos del sentido matemático que la vida quiso darle a nuestros hijos, a mí me encantaría mostrarles el lado poético y loco. Ese que Chesterton señala en un ensayo que se ha convertido en mi favorito: «El poeta tan sólo aspira a la exaltación y la expansión, quiere un mundo en el que desperezarse. El poeta pide meter la cabeza en el cielo. Es el lógico quien trata de meterse el cielo en la cabeza. (…) El loco no es alguien que ha perdido la razón. El loco es alguien que lo ha perdido todo excepto la razón. La explicación que da el loco de cualquier cosa siempre es completa, y a menudo satisfactoria en un sentido puramente racional. O, por hablar más rigurosamente, la explicación del loco, si no concluyente, al menos es irrebatible».

Soy mamá de seis hijos y directora editorial de Niu. Me confieso como lectora empedernida y genéticamente despistada. Escribo para cerrar mi círculo vital.