El día llegó sin anunciarse y la amenaza de muerte también. Después de la operación, a la dueña de la Marimba se le subió el azúcar (¡como si fuera tan dulce!) a niveles peligrosísimos.  Pero Dios lo había dispuesto todo para que el susto no pasara a más y se convirtiera en un motivo para agradecer y para aumentar la fe de esta familia. 

Mientras yo me recuperaba y así medio inconsciente como estaba, le confesé a Renato dónde había escondido su regalo del día del cariño…  no sé si le dije más top secret…   ahora me sorprendo de cómo actué ese día. Yo no fui consciente de la emergencia. Me enteré bien bien varias horas después, pero muchas de mis palabras y peticiones fueron de alguien que sabía a ciencia cierta qué era lo que le había pasado.  Ya de regreso en casa, me conmoví al  ver las tarjetas que mis hijas habían elaborado. La de Fátima, pidiéndole a la Virgen que me cuidara me puso mi piel chinita.  Pasé varios días pensando lo que había sucedido, haciéndome propósitos de mejora en todo sentido. Y ahora, una de las expresiones de esos propósitos es cuidar y querer más a mi esposo y a mis hijos.  De esa cuenta estoy más pacienzuda y más dispuesta a abrazarlos aunque me apachen mi operación dolorida. 

Pasé unos días medio medio. Esos días me costaron bastantito y creo que aún tengo rezagos. Pero cada día, compruebo que los motivos para vivir van más allá de que me sienta bien o mal, contenta o triste, valiente o asustada, con ganas o sin ganas de hablar… Y gracias a Dios, al poco tiempo de estar en ese bing bang llegó un despertador: Sebastián se enfermó de rotavirus y se fue al hospital durante dos días. 

Digo gracias a Dios y digo despertador porque en las buenas es fácil saber que tienes mucha gente pendiente de ti, pero en las malas a veces todo se diluye. Sin embargo, la Marimba estuvo tan unida en esos días que lo lógico era despertar de la modorra de la depre y agradecer la familia que Dios nos ha permitido procrear con Renato. Mis hijos estaban tan pendientes de su hermanito y de su papi (a Renato le tocaron los desvelos del hospital) que no había otro camino que caer en la cuenta de lo delicioso que es tener una familia que poco a poco ha aprendido a amar.  Cuando bendecíamos la mesa, Nícolas siempre recordaba con sus medias palabras y su dedito autoritario: ¡Tan!  Todos sabíamos que esa monosílaba quería decir: «también recemos por Sebastián». Y así lo hicimos en la mesa, antes de dormir y cuando alguien lloraba porque extrañaba a su papi.  Y al fin, le pedimos a la Virgen del Rosario que lo curara y ¡nos lo concedió de inmediato! Así que dentro de poco, la Marimba irá a visitar a Santo Domingo a la Patrona de Guatemala. 
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Gracias a todos nuestros familiares y amigos por su cariño y atenciones. ¡Los queremos!

Soy mamá de seis hijos y directora editorial de Niu. Me confieso como lectora empedernida y genéticamente despistada. Escribo para cerrar mi círculo vital.