Chesterton afirmaba que era necesario estar lo suficientemente seguro  de algo antes de decírselo  a un niño. Yo lo apoyo, pero también creo que hay que estar bien preparado psicológicamente antes de pedir la opinión de cualquier infante.
Aunque generalmente nuestros hijos son amables, la sinceridad les brota como burbuja. Antes se registraban episodios de tensión, ahora, culminan en una carcajada.
Por ejemplo, empecé a preocuparme por mi peso cuando mi inofensivo estómago fue comparado con la panzotota de ¡Mr. Increíble! Desde entonces, adopté el régimen de menos pan y más ejercicio. Algo he logrado.
En otra ocasión, a Fátima  le explicaron la teoría de los adjetivos y le pidieron que escribiera tres calificativos sobre cualquiera de sus padres. “Lenta” fue uno de los que eligió para mí. Cuando me lo comentó, yo me reí y le dije “Puchis, gracias por quererme tanto”. Entonces ella replicó: “pero si eres lenta para correr…” ¡Ah bueno, así ya cambia un poco la cuestión! Luego, me reveló los adjetivos que sus amigas habían escrito… comparado con éstos, lo de lenta era casi un elogio.
La última puntada fue en la Misa del domingo. Anunciaron una Eucaristía para las madres. Ximena me vio con ilusión, pero después definieron más la invitación: “es especialmente para mamás enfermas y ancianas”. Entonces, Ximena me aclaró: “No puedes venir porque tú no eres ancianita, eres medio, medio”. Mi instinto se rebeló y pensé “¿Medio anciana y medio enferma? Hija mía, desde este momento te desheredo”.
Bueno pero también hay dedadas de miel en esa sinceridad. Como cuando me arreglaba para una boda y Emilio, eterno enamorado,  me dijo: “Mami, te van a robar”… O cuando junto un abrazo enharinado me dice: ¡Tú eres mi mami! ¡Tú eres mi mami – amiga!  ¿Qué puedo hacer más que comérmelo a besos?
Obviamente, es importante ayudar a los hijos para que aun cuando sean sinceros, pasen sus comentarios por el colador de la prudencia y poco a poco aprendan a decir lo que piensan en el momento y de la forma oportuna.
Sobre esto, alguna vez le di una recomendación a Ximena y ella me respondió: Sí, papi es muy amable, tú eres un poquitito amable”. No cabe duda que siempre Fray Ejemplo será el mejor predicador.
Soy mamá de seis hijos y directora editorial de Niu. Me confieso como lectora empedernida y genéticamente despistada. Escribo para cerrar mi círculo vital.