Las tardes en mi casa son una locura. La infinita mesa redonda de nuestro comedor se convierte en la sede de niños, cuadernos, libros, lapiceros, papel de china, goma, agua, café, champurradas, peleas, ayudas solidarias… Creo que ni Renato ni yo imaginamos todo lo que albergaría cuando la compramos. Yo había escuchado que en una mesa redonda cabe todo… pero todo es ¡todo!

Por salud mental, he decidido que cuando mis hijos empiezan a hacer tareas, yo dejo de lado todas las demás ocupaciones. Simplemente, no puedo concentrarme y paro malhumorada si trato de creerme la mujer maravilla. Eso de trabajar y atender dudas académicas al mismo tiempo, quedó en el olvido. Así que cerrada la compu, invoco a toda la sabiduría ancestral que me precede y me doy a la tarea de ayudar a mis hijos con sus dudas.

Anneliese necesita resumir el libro «Jano ya no está solo». Le dio por escribir solo los diálogos y ya lleva un montón de hojas. Retomo el deber y le explico cómo se debe hacer un resumen. Le doy un tip simple: basarse en los títulos de los capítulos y a raíz de estos, narrar los hechos principales. Un resumen debe ser corto, le digo yo. Ella me mira con escepticismo. Ante esto, Fátima le dice: Anne, confía en mami. Allí se acaba la duda y empieza su nueva versión corregida y disminuida.

Luego, llega Emilio pidiéndome que repasemos su contenido de Phonics porque al otro día tiene examen. Yo, hispanohablante por convicción hago mis tanes con el inglés pero es imposible… hay palabras que ni sé qué significan. Así que por el bien de mi cuarto retoño, recurrimos al traductor de Google. Allí, él escucha la pronunciación correcta y no la chapoteada por esta chapina amante de los guatemaltequismos y esquiva de los extranjerismos.

Entonces tiene a bien llegar la Xime con un problema, que ¡por la gran! es un problemón. Nada más y nada menos que hay que explicarle que si los ángulos pueden ser llanos, rectos, obtusos, complementarios o suplementarios y además, tratar de resolver unos ejercicios. Empiezo a sudar frío. ¿A quién se le ocurrió ponerse a pensar en los ángulos? Si la vida es tan simple… Bueno, imagino que algo o mucho le debemos al padre o padres de los ángulos. 

Nunca he sido amante de las mates y aunque en mis años de lucidez no me costaban, tampoco tengo la habilidad de un ingeniero… Entonces, literalmente tengo que concentrarme como pollo y estudiar la teoría para luego explicarle lo que entendí mientras cruzo los dedos para que esto sea correcto y no un delirio. Unos días después de mi «hazaña matemática», me contó que sus amigas le habían dicho que su mamá era buena para las mates, porque ellas preguntaron en sus respectivas casas y la explicación no había llegado. Yo pensé: no soy buena para las mates, solo para los mates.

Luego, hace su debut Fátima preguntándome cómo creo que puede hacer un resumen sobre la población de Europa de una forma «creativa». ¿Un resumen creativo? le pregunto yo. ¡Qué difícil! Me aclara y me dice que debe tener una presentación creativa. ¡Ah bueno, eso ya es otra cosa! La verdad es que a esas alturas de la tarde ya no tengo muchas ganas de pensar, le doy algunas ideas… espero que le sirvan.

Después, toca el turno del Nicolaiso. Hay que pintar y hacer bolitas de papel de china. Que no, que él no quiere pintar con todos los colores… que solo quiere usar verde. Cara verde, ojos verdes, camisa verde. Hay que convencerlo que le haga el favor al granjero. Al fin, accede. 

Pensando yo en tomarme mi cafecito cuando empieza el bombardeo: mañana hay que llevar, el lunes tengo que entregar, tengo un libro sin forrar… mami no se te vaya a olvidar mi libro, ¿qué vamos a cenar?, ¿qué vamos a desayunar?, ¿qué vamos a llevar de refa? Además, mis mensajitos de Whatsapp suenan, las alarmas de mi correo también… Veo de reojo el celular: ticinco mensajes de 5 conversaciones, 51 correos electrónicos sin leer en una de mis cuatro cuentas de correo, mejor ni veo las demás… iDiomío. 

Pero en eso, suena el timbre mágico. Todos gritan: ¡es papi! Yo también grito por dentro. Llega Renato, tan fresco como si acabara de levantarse, pregunta: ¿En qué te ayudo? Yo no me hago la rogada y con desfachatez huyo a la cocina (o sea a cinco pasos de la mesa del comedor) y empiezo a preparar la cena. 
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Señoras y señores: ¡este blog está de aniversario! Cinco años de escribir y reír. ¡Un lustro ya! A mí me parece increíble. Les agradezco formar parte del círculo vital de esta bloguera. 

Soy mamá de seis hijos y directora editorial de Niu. Me confieso como lectora empedernida y genéticamente despistada. Escribo para cerrar mi círculo vital.