Oigo voces…

La aventura de trabajar desde casa, se vuelve extrema cuando mis hijos están de vacaciones. No solo porque supone estar pendiente de mil cosas adicionales a la rutina de trabajo, sino también porque las preguntas sobre CUALQUIER COSA se multiplican.

¿Qué encargo puedo hacer?
¿Qué vamos a almorzar hoy (pregunta elevada a la sexta potencia)
¿Cuándo vamos a comprar los regalos de Navidad?
¿Qué estás haciendo?
¿Por qué le estás cambiando color a esa imagen?
¿Qué estás escribiendo?
¿Quién te llamó? ¿Por qué?

¡Dios Santo! En ocasiones, de verdad que quisiera grabar las respuestas y poner un puesto de atención al cliente en la sala de mi casa.

Si desea saber el menú de hoy, presione 1. Si desea saber los encargos domésticos disponibles, presione 2. Si desea saber qué va a hacer hoy su mamá, presione 3…

Pero me he aguantado porque aunque a veces me pongo verde de la impaciencia, me gusta ver a mis hijos a los ojos mientras les hablo, disfruto de su curiosidad por saber cómo funciona lo que hago o porqué elegí un tipo de letra y no otro. Me hace gracia y también me ayuda, que opinen sobre mi trabajo y que cuando estoy indecisa sobre un texto, me digan ¡a mí me gusta este!

Y aunque soy un ente musical y me encanta cantar mientras trabajo, no hay reto mayor que laborar mientras oigo el rock and roll del Sebas, ¡eso sí es tener voz!

En fin, aunque oír voces es sinónimo de locura; creo aún estar cuerda y procuro disfrutar de la vida y de mis hijos ahora. Ya vendrán tiempos de soledad en los que seguro añoraré el bullicio, las risas, las peleas y las preguntas…

Soy mamá de seis hijos y directora editorial de Niu. Me confieso como lectora empedernida y genéticamente despistada. Escribo para cerrar mi círculo vital.