Me declaro una mujer llorona. Lloro cuando me dan ataques de risa, cuando me angustio, cuando me enojo mucho, cuando me conmuevo, cuando, cuando, cuando… También soy una mamá anti-eventos colegiales. Me confieso: no me gusta ir a los actos del Día de la Madre, ni del 15 de septiembre, ni a las clausuras, ni nada de nada. Asistir es uno de los sacrificios más grandes que mis hijos me pueden pedir… Y con ese talante iba yo el 12 de diciembre a la clausura del Nicolais Contreras. 

Él estaba tan emocionado por sus actos como si fuera a ir a Disney World… Representaría al enanito Feliz y a Rodolfo el reno. ¡Y bueh! Nos preparamos en marimba y fuimos todos a aplaudir la actuación, que, he de decir, escapó de lo común. 

En pocos actos pude diferenciar con total claridad, el amor de la vanidad… Esa que a veces nos agarra a las mamás porque nuestro hijo es más chulín que el otro, o más pilitas, o más bilingüe… En ese acto, solo se amó. Y la emoción de palpar algo tan puro, me presionaba el pecho hasta el punto que quería llorar y llorar. Pero veía que todos los demás estaban muy normales y yo era la única sentimentaloide, así que me aguanté…

La respuesta de por qué el amor se experimentó allí tan fácilmente es sencilla y se las confío. Nícolas necesita una manita adicional y asiste a terapias educacionales que lo llevan por caminos distintos a los tradicionales. Junto a él asisten niños con todo tipo de retos. Pero, independiente de eso, el día de la clausura todos eran luchadores que se esforzaban al máximo por representar su papel. A algunos les costaba recordar los diálogos, otros los recordaban muy bien, pero no les resultaba tan fácil pronunciarlos… Pero todos eran animados por sus padres y maestras para que siguieran adelante. Y en esos ánimos, descifré el amor. Y como lo hice en el pasado, me llené de orgullo amoroso o bien, de amor orgulloso. Pero amor al fin. 

Y al salir de allí, solo podía cantar: «gracias a la vida que me ha dado tanto…»
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¡Feliz Navidad a todos! Feliz Navidad a todos, feliz Navidad a toooodos y Año Nuevo, también…

Soy mamá de seis hijos y directora editorial de Niu. Me confieso como lectora empedernida y genéticamente despistada. Escribo para cerrar mi círculo vital.