– ¿Por qué no puedo enseñar el ombligo?

La primera vez que una de mis hijas me increpó sobre este asunto a mí se me ocurrió una feliz idea.  Felicidad para un tiempo nada más, pues aunque la respuesta es verdad verdadera, llega una edad en la que los argumentos deben conjugar más elementos.  Mi respuesta fue:

– «Porque Jesús está en tu corazón, si tú enseñas el ombligo te entra aire por allí y a Jesús le da frío y debe buscar otro corazón que esté más calientito».  

Ténicamente que Jesús deba mudarse a otra alma es real, pero mis argumentos debieron evolucionar junto con la edad de mis hijas.

– ¿Por qué no puedo enseñar el ombligo?  (4 años después).  

Resulta que Anneliese iba a bailar la famosisima waka waka de Shakira y la maestra tuvo a bien decir que las niñas llegaran con la panza de fuera.  A quemarropa, me dijo que todas sus amigas iban a ¿vestir? así y que entonces yo debía darle permiso a ella también.  Cuando escuchó la negativa  hizo un berrinche de los buenos.  La seguridad de poseer la verdad me ayudó a poner cara de póker y a mantener firme mi criterio.  Así que la dejé llorar un rato, después le pedí que se calmara y que me escuchara.

– ¿Crees que el ombligo es bonito?
– No
– ¿Por qué quieres enseñarlo?
– Por qué todas mis amigas van a ir así…
-¿Y tú piensas que se van a ver más bonitas?

Dudó, pero al final me dijo que sí.

– A tus amiguitas les van a ver el ombligo, a ti te van a ver a ti.  Te apuesto que (y te prometo) que vas a ir tan bonita que te vas a distinguir en el escenario.

La esperanza secó sus lágrimas y acepto la promesa que para mí era un reto.    Llegó el esperado día. A las 14:30 estaba allí, toda bonita con el pelo planchado, maquillaje perfecto,  una blusa y falda chileronas,  Su cadera se movió al ritmo de la coquetería natural.  Las flores llegaron y aumentaron su collar de hawaiana. 

Gracias a Dios esto terminó bien. Pero cada vez me topo más con sus anhelos de ser «sepsis»  y con mi miedo que mis hijas se vuelvan unas niñas superficiales y deseosas de llamar la atención a cualquier precio.  A la delicadeza por cuidar los programas que ven, de cambiar los anuncios inapropiados,  debo unir más y más armas y he llegado a la conclusión que deben ir en este orden:

1. Sacrificio
2. Amistad
3. Confianza
4. Diálogo
5. Ejemplo

Y me parece que será lo último lo que más me costará porque eso de andar siempre pipirisnais me cuesta el 80% de las veces.  De hecho, Ximena ya me dijo que para su cumpleaños quiere que me planche el pelo y elimine la cola de mis opciones.  Ni modo, ya lo dijo Juan Pablo II: la bondad  y la belleza son  inseparables.  

Soy mamá de seis hijos y directora editorial de Niu. Me confieso como lectora empedernida y genéticamente despistada. Escribo para cerrar mi círculo vital.