¿Sabías que tus ojos son transparentes? Siempre supe cómo eras aun cuando no hablaras o tu lenguaje corporal fuera limitado. Siempre pensé que esa inocencia tenia su por qué y ahora que lo he descubierto estoy muy agradecida con la vida.

Sabes que como mamá había trazado un sueño para ti, te imaginé así y asa… siempre feliz. Ese porqué me ha mostrado que cualquiera de mis anhelos se quedaba corto. Ahora, me gozo más tus abrazos porque son más incondicionales que cualquier otro. Mi espíritu se encoge cuando me besas con tal fervor que quisieras traspasarme. 

Cada vez que vamos por la calle, la gente te mira e inmediatamente su rostro cambia. Se enternece y algunas veces, acompañan sus expresiones con frases ¡qué lindo!, ¡adiós nene!… Me enorgullezco como cualquier mamá, pero por dentro me regocijo el doble. Sé que tengo un tesoro, un tesoro al que quiero cuidar siempre.

No te niego que antes de saber lo que pasaba, sufría mucho. Me enredaba en las posibilidades de la vida, de la salud y de la enfermedad. Ahora, ese sufrimiento ya no está más. Me preguntó qué seguirá después, si sabré guiarte, alentarte, quererte. Quererte tanto como tu inocencia lo merece. Quererte, quererte sin más.

Soy mamá de seis hijos y directora editorial de Niu. Me confieso como lectora empedernida y genéticamente despistada. Escribo para cerrar mi círculo vital.