Nunca he sido buena para tomar fotografías. Recuerdo que el curso que llevé en la U lo gané de panzazo… Pero cada vez que escribo una historia me siento con una cámara Polaroid, retratando instantáneas de mi familia. Vuelvo la mirada y la lectura hacia un año atrás y me encuentro con momentos maravillosos que han quedado publicados y que al leerlos me ponen la piel chinita.

Mañana cumplimos un año de publicar nuestras historias marimbísticas. Verdaderamente me costó trabajo saber qué debía publicar en esta ocasión. ¿Una historia cotidiana? ¿Un resumen de nuestras andanzas? ¿Algo sentimental?  Para aclarar la mente, además de tomarme un batido de fresa, le pregunté a Renato qué creía que el blog había aportado a nuestra familia.

Sin titubear, me respondió: «Te fijas más en detalles de la vida familiar, en nuestros hijos…» en ese instante recordé una columna de Maurice Echeverría en la que escribía la relación que se establece con un diario. La opinión se titulaba El diario y el cordero. Maurice afirmaba: «Uno empieza a escribir un diario, y el diario lo termina escribiendo a uno. El diario informa cada uno de nuestros pensamientos y actos, reafirmándolos y simultáneamente refinándolos. No es lo mismo tomarse un vaso de leche, a secas, que tomarse un vaso de leche con la perspectiva de consignarlo más tarde como entrada en un cuaderno de bitácora. Lo que hace el diario es ampliar la intensidad de cada momento; básicamente nos enseña a poner atención, indicándonos que cualquier aspecto de nuestro universo es enmarcable y valioso. En el contexto documental de un diario, cada experiencia y cada contacto es potencialmente una experiencia cumbre. De allí que esta práctica sea por completo transformadora, media vez sea llevada con un grado de seriedad. Si es una práctica tan rica es porque nos obliga a generar en nosotros un testigo, y por tanto nos empuja a existir más allá de nosotros mismos, a metaexistir».
Ambos tienen razón.  Algunas veces me preguntan ¿a qué hora te da tiempo de escribir? Cuando lo pienso bien, llego a la conclusión que escribir es la tarea sencilla. La parte más compleja es interiorizar lo que sucede a tu alrededor. Quienes me conocen saben que normalmente soy retraída, reflexiva y cuando he dormido bien, también soy analítica. Creo que esas características me ayudan a beber cada momento familiar, a descubrir lo que se esconde detrás de una cara de picardía, de una pelea, de un detalle de cariño… Así que el blog ha sido al mismo tiempo causa y consecuencia. Pero además, creo que también ha contribuido a la unidad familiar. Renato y mis hijas más grandes siempre están pendientes de qué publicaremos en tal o cual semana. Les gusta leer la historia en primicia, aportar detalles, sugerir que debe quitarse o agregarse. Es una actividad que gozamos todos y no dudo que en un futuro sea como un álbum de fotos en letras. Puedes volver a cada historia y vibrar como lo hiciste en ese momento. Incluso a mí me pasa a veces. Me gusta releer nuestras aventuras.
Ahora bien, hay otros aportes del blog.
Cariño. La Marimba (marca registrada) recibe innumerables muestras de aprecio. Creo que es lógico. Cuando conoces a alguien, puedes quererlo. Nuestros lectores nos conocen. Alegrías, penas, frases, peleas y demás han quedado documentadas, entonces así es fácil ser sujeto de cariño.
Lazos cibernéticos pero fuertes. Hay personas a las que no conozco personalmente pero con quienes hemos establecido una relación virtual.  Carolina, de Venezuela, fue la primera. Luego, varios más. Entre ellos Julio Comparini, Roberto Rendón e incluso una madre que nos transmitía, en primicia, que esperaba a su octavo hijo.
Fama efímera.  Ahora en lugar de preguntarnos ¿cómo está la familia? es común oír ¿cómo está la Marimba? También nos ha sucedido varias veces que en algún lugar nos dicen ¿Tú/ustedes eres/son  la/los de la Marimba?   Cuando mis hijos supieron lo de la entrevista que publicaría elPeriódico, saltaban gritando: «¡Vamos a ser famosos!»
Sinceramente, creo que ningún miembro de la Marimba imaginó el alcance que tendría el blog. Ahora, cuando vemos las gráficas y sabemos que nos visitan de Estados Unidos, Canadá, Venezuela, Colombia, ¡Corea!, Letonia, Suecia, México… morimos del asombro y la emoción.
Para terminar nuestra celebración de aniversario, les dejo las reseñas de algunas entradas que quizá les gustaría volver a leer:
La favorita de RenatoSazonar la amistad. Creo que es su preferida porque él era el que más insistía en que debía dejar que mis hijos me ayudaran.
La más leída: la historia sobre los abuelos. Si no puedes contra ellos… ha sido ampliamente requerida.
– La más comentada: De lo subliminal a lo sublime
– La anécdota más calificada como divertida: son dos, realmente. Cuando Anneliese defiende a Rumpel porque cree que es guapo, y cuando Ximena afirma rotundamente que no confía en los hombres.

– Mi favorita: difícil decisión.

Soy mamá de seis hijos y directora editorial de Niu. Me confieso como lectora empedernida y genéticamente despistada. Escribo para cerrar mi círculo vital.