Sábado, muy temprano. Ese día la única preocupación era que todos estuviéramos no sólo a tiempo, sino además guapetones porque era la Misa de 15 años de una de mis sobrinas. La celebración había sido un tema recurrente durante la semana. Ya conocen a los niños: “¿Cuántos días faltan para..?  La pregunta multiplicada por cinco, los cinco días de la semana dio lugar para que el sábado estuviéramos logística y psicológicamente preparados.
Sin embargo, los chapines somos chapines (un mi profesor gringo decía que todos los guatemaltecos deberíamos pertenecer a la Iglesia de los Santos de los Últimos Días) y hubo alguno que otro imprevisto que pudo haberse… previsto.
Así que nuestro sábado se redujo a ir y venir por toda la casa. Esto es todo lo que sucedió, alineado estratégicamente para expresar la simultaneidad con lo que ocurrió:
Levantarse
Preparar el desayuno
Supervisar la higiene bucal
Responder a Anneliese cuántas horas faltaban para que se pusiera su elegante vestido.
Bañar a “toda la mara”
Pensar en el complemento del almuerzo
Preguntar a las “princesas” cómo querían peinarse
Preparar el arroz
Regañar al Rabito por asaltar la basura
Responder a Anneliese cuántas horas faltaban para que se pusiera su elegante vestido.
Ponerle tubos a Ximena, quien eligió el look colocho
Preparar el chirmol
Plancharle el pelo a Fátima
Lavar la lechuga
Ordenar los atuendos
Convencer a Emilio que tenía que estrenarse su pantalón
Preparar la incaparina
Dormir a Nícolas
Peinar a Anneliese, la musa quería una coronita.
Asar el pollo (ese día, justo ese día pensamos en asar pollo)
Preparar pachas
Responder a Anneliese cuántas horas faltaban para que se pusiera su elegante vestido.
Ir a traer las tortillas
Hacer la ensalada
Coordinar que los bartender oficiales (Anneliese y Emilio) prepararan el fresco
Supervisar las tareas de Fátima y Ximena
Almorzar
Responder a Anneliese cuántas horas faltaban para que se pusiera su elegante vestido.
Medio ordenar la cocina
Quitarle los tubos a Ximena
Deshacerle los colochos a Ximena porque “no le gustaron”
Vestir a Emilio, después de protestas, llantos y gritos.
Entacuchar a todos los demás
Armar la pañalera
La mami no quería ir con cola así que también ella se planchó el cabello
Darle comida a los peces
Dejarle agua y comida a Rabito
Darle medicina a los agripados
Organizar las posiciones en el carro para que no se registraran manchas de última hora
¡Nos vamos pues!
Llegamos a la iglesia 10 mn. antes, luego nos enteramos que no eran 10 sino 40… Así que no tuvimos otra feliz idea que ir a tomarnos una fotografía familiar. Todos, emocionados por el plan, mostramos nuestro mejor rostro. Además, después de comer pollito asado pues… panzita llena, corazón contento.
Asistimos a la ceremonia, luego nos fuimos a la casa de mis papás a comer un rico pache (con chilito y sin chilito), pastelito y listo. A las 20:00 hrs. decidimos regresar a nuestra casa. Ya en el carro, le confesé a Renato que me sentía como si yo fuera la quinceañera: estaba exhausta. Él no dijo nada, pero creo que compartíamos cansancios.
Nuestros hijos se fueron jugando todo el camino de regreso. Emilio todavía tuvo fuerzas para anunciar que ¡Nunca más se volvía a poner ese pantalón! Fátima preguntó ¿Qué vamos a jugar cuando lleguemos?  A ordenar, le respondí. Y luego de ordenar, los que quieran pueden acompañarme a ver “Perder para ganar”.  La velada terminó para ellos a las 22:00 hrs. Renato y yo todavía nos reímos un rato recordando el diálogo que tuvimos con Anneliese antes que se durmiera:
–          ¿Cuánto falta para mi cumpleaños? 
–          Dos meses.
–          O sea, ¡DOS! meses
–          Sí, SE-SEN-TA días…
–          Sí, ¡DOS! meses
–          Anneliese, todavía falta mucho. Nosotros te avisamos…
Soy mamá de seis hijos y directora editorial de Niu. Me confieso como lectora empedernida y genéticamente despistada. Escribo para cerrar mi círculo vital.