Para el hombre, la soledad eterna es ilógica. Todos buscamos convivir y reír con alguien. Aunque a veces deseamos brisas de soledad, necesitamos más de torrenciales de compañía.
Los niños, con su habilidad especial de hacer amigos; generalmente no están solos. Mis hijos en particular son rutinarios fundadores de clubes y, al mismo tiempo, férreos defensores de paraísos en los que encuentran su soledad.
Anneliese es amante del juego solitario. Pueden transcurrir horas mientras ella juega con cucharas que se convierten en princesas, villanos, madres, hijos… Ximena es la otra partidaria de la soledad. Su cama es su “Pentágono”. Allí en cajas está todo lo que le gusta, la conmueve, sus dibujos y diarios. Hace algunas semanas, colocó un papel: “Prohibido que suban hombres a esta cama. Especialmente Emilio”. Como la víctima de la prohibición no sabe leer, no se dio por enterado y luego de varios intentos logró que el decreto fuera derogado.
Ahora, Fátima, Emilio y Nícolas son entusiastas armadores de organizaciones  no lucrativas. Tenemos unas cosas parecidas a tiendas de campaña. Con ellas arman su club. Le colocan cojines, sábanas, vasos y todo lo que les parezca útil para sobrevivir; y luego se lanzan a la aventura de vivir una pijamada a medio día. El desastre es cuando Rabito y demás pulgas deciden entrar al club y poner en peligro la vida de sus miembros.
Emilio tiene un club de elite. El único miembro es él. La razón es porque sus fines son ambiciosos. Muchos le preguntamos ¿puedo entrar en tu club? Y él sin inmutarse, responde: ¿Tienes cheque? Un día, mi papá lo cuestionó: Emilio ¿por qué no puedo entrar en tu club? Él le dijo “porque no tienes dinero”. Por supuesto que todos no doblamos de la risa.
Sólo espero que cuando mis hijos crezcan, secunden el deseo de su madre por pertenecer al Club de los negocios raros que alguna vez ideó G.K. Chesterton. A Renato, creo que puedo convencerlo yo.
Soy mamá de seis hijos y directora editorial de Niu. Me confieso como lectora empedernida y genéticamente despistada. Escribo para cerrar mi círculo vital.