Por: Renato  Contreras

Lo maravilloso de tener hijos es que  son inquisitivamente observadores y por naturaleza, preguntones. Cuando hemos visitado a nuestros amigos o familiares han notado que hay una televisión en el cuarto de cada niño, en el cuarto de los papás, en la cocina, en la sala y para su mayor asombro -y el nuestro también- pantallas de DVD en el carro.
Así que la pregunta que exige una respuesta inmediata es ¿Papi por qué en nuestra casa solo tenemos una tele?
Y de aquí se desprenden un sin fin de maravillosas enseñanzas y grandes oportunidades que nos ha brindado esta pequeña intrusa, la cual se ha convertido en una aliada para fomentar en nuestros hijos  aquellos valores que les forjarán como personas.  Además de brindarnos muchos momentos de entretenimiento viendo  Harry Potter,  Barney o Perder para Ganar.
La batalla de la televisión, fue una de las luchas que nos propusimos ganar. Hacer que cinco niños con gustos muy diferentes compartan un rato de televisión sin pelearse,  reducir significativamente el tiempo que pasan frente a ésta, y luego darles un criterio para elegir el programa adecuado, no ha sido fácil pero ha valido la pena porque en este espacio de tiempo han aprendido a ser pacientes, generosos, tolerantes, e ingeniosos cuando se trata de negociar un poquito de más tiempo para terminar de ver su programa favorito, así como cuidar uno del otro para que cambie de canal cuando aparece algo de violencia extrema.
Pero con verdadero agrado hemos notado que cada día se alejan más de la TV para dedicarle tiempo a otras actividades que les resultan más placenteras y beneficiosas como leer, pintar, escribir o echar a volar la imaginación para convertir una simple caja de cartón en una nave espacial o en el castillo de Barbie o en una carreta que se desliza a gran velocidad por toda la casa.
La televisión es una amable niñera que siempre está disponible. Puede hacernos mucho bien pero también mucho daño, si la contratamos sin límite de horario. Apaguemos la tele y ese tiempo llenémoslo de sueños compartidos, de juegos inundados de carcajadas, o de silencio que nos permita escuchar a nuestros hijos, ya que no importa su edad siempre tendrán algo que decirnos o algo que contarnos.
Y, aunque esto no es lo más importante, también ayuda para nuestra economía. Les comparto que este mes nuestro recibo de luz fue de Q66.00 ($8.25)
Soy mamá de seis hijos y directora editorial de Niu. Me confieso como lectora empedernida y genéticamente despistada. Escribo para cerrar mi círculo vital.