¿Ya creció?

El último niño del clan Contreras Motta partió al colegio y con él, se fueron emociones, lágrimas contenidas, alegrías, recuerdos… Sebastián empezó ya su vida escolar y lo hizo con una ilusión tan grande que desarmó a todo aquel que dudara de lo oportuno de su partida.

Aunque, a decir verdad, la partida de un hijo hacia un camino nuevo nunca es oportuna. O por lo menos, no lo es para los padres. Pero, aún así, cuando el sol de la Marimba subió a su bus, lo rodearon sus cuatro hermanos (Nicolas se va en el mismo bus), Renato, Rafita y yo. Ximena celebraba la carita feliz con la que iba, Fátima confesó que estabar a punto de derramar unas lágrimas, Anneliese le decía adiós emocionada y Emilio le recordaba que no debía ser impulsivo para no golpear a los demás.

Rafita lo miraba con especial cariño. El niño que ella cuidó desde los tres meses estaba a punto de agarrar camino y le decía adiós con desparpajo.

Como en todos los grandes acontecimientos, Sebastián no logró conciliar el sueño tan fácilmente en la noche anterior y cuando despertamos a Nícolas para que empezara a prepararse, él sintió y se paró en el acto. No sin antes expresar su extrañeza: ¿Por qué se va al colegio en la noche? Le expliqué que no era de noche sino muy temprano y que el sol aún no había salido.

Durante la mañana, en la casa todo era silencio. Lejos quedaron los conciertos de Sebastián, sus prédicas y los ruidos de explosiones que provocaba constantemente con su boca. Ni Rafita ni yo le dábamos cabida a aquella tranquilidad. Sobre todo después de tres meses de frenesí vacacional.

Al regresar Sebastián, la casa se inundó de algarabía. Se dispuso a jugar adivinanzas conmigo, fue a cubrir del frío a su peluche favorito y sus risas consolaron ese pequeño pero latente sentimiento que inunda a todos los padres cuando de golpe se dan cuenta que sus hijos ya crecieron.

Soy mamá de seis hijos y directora editorial de Niu. Me confieso como lectora empedernida y genéticamente despistada. Escribo para cerrar mi círculo vital.