A lo largo de la vida, cada pareja acumula sus propios retos y de esa forma va definiendo su historia. En mi caso particular, esa historia resulta a veces más compleja por un signo que suma dificultad a la ecuación de nuestra familia.  Fui diagnosticada con Trastorno Bipolar hace 14 años, cuando cursaba el segundo semestre en la universidad.

En ese momento, con 16 años y mucho temor, tuve que enfrentar la realidad de tener un trastorno afectivo que transformaba mi vida y se atrevía a alterar mi estabilidad emocional de forma imprevista y de manera constante.

La bipolaridad afecta la forma de pensar, sentir y actuar de una persona. Click to Tweet

Según datos recientes del New York Times y de la International Society for Bipolar Disorders (ISBD), este padecimiento afecta a más de 60 millones de personas alrededor del mundo y no tiene cura. Comprende diversos tipos, algunos quizá más complejos que otros, y aunque hay quienes afirman conocer la enfermedad por el mal uso que se le ha dado al término, pocos saben exactamente lo que implica.

Muchas personas piensan que dominan su concepto por tener relación con alguien que la padece o por haberse tratado de informar sobre el tema y creer todo lo que “Google” ofrece; sin embargo, lejos de conocerla, lo único que han logrado es formarse prejuicios y estigmatizarla como ocurre con cualquier tema relacionado con la salud mental, lamentablemente.

Si yo tuviera que definir la bipolaridad con base en lo que he aprendido durante estos años, diría que es “ese ladrón” que constantemente intenta robarme la capacidad de encontrar el gris que necesito para mantener el balance emocional.

San Josemaría Escrivá, al hablar de las cosas que muchas veces nos cuesta comprender decía: «Qué sería de un cuadro si todo estuviera lleno de luz y no hubiera sombras… ¡No habría cuadro!», Si lo vemos con honestidad, cada uno sabe que esa parte “oscura” que la vida nos ofrece es indispensable para trascender y darle sentido a nuestra existencia.

Platicaba con mi esposo sobre este tema y él, a quien le apasiona la fotografía, me confirmaba con ejemplos visuales que, si una imagen carece de sombras, es totalmente desagradable a la vista porque no tiene profundidad. De igual manera, si lo que visualizamos es lo contrario y solo muestra las sombras, apreciaríamos una imagen oscura y desagradable. Por lo tanto, entre las luces y las sombras, también existen los medios tonos y una amplia gama de grises que ayudan balancear y crear la imagen perfecta.

Metafóricamente, así ocurre también en la vida. No podemos determinar que todo es perfecto y lleno de luz ni tampoco que todo lo que nos ocurre es una oscura tragedia. En medio existe esta escala de grises que debemos identificar y matizar para encontrar el balance y avanzar.

La bipolaridad roba nuestra capacidad de apreciar esos grises tan necesarios. Es un ladrón del que no puedo deshacerme y que a veces consigue lo que busca…

Pero gracias al tratamiento farmacológico y la terapia, que han sido una constante en mi vida desde mi diagnóstico, también he aprendido a defenderme de este incómodo personaje. Muchas cosas no han sido fáciles, como encontrar los diversos medicamentos que se adaptan mejor a mi caso, o el simple pero doloroso proceso de aceptar la idea de que debo lidiar con esto el resto de mis días, con todo lo que implica. Pero no dudo de que habría sido inimaginablemente más difícil sin la ayuda pertinente de un buen diagnóstico y seguimiento.

Conocer mi enfermedad ha sido un desafío, y avanzar con ella, también. En estos 14 años de tratamiento he tenido que abandonar mis propios prejuicios sobre la salud mental y entender que un trastorno de este tipo no es sinónimo de locura, como lo describen algunos, sino de alteraciones objetivas en un órgano que funciona igual que los demás y que requiere tratamiento, como cualquier otra enfermedad.

Estoy convencida de que este tipo de luchas tampoco son ajenas a cualquier persona. En absoluto. Obviamente la mayoría no padecen Trastorno Bipolar pero la búsqueda del balance que nos ayuda a ser mejores personas sí es tarea de todos los seres humanos.

Por eso, con este blog pretendo contarles mis retos como esposa y madre con este padecimiento y aportar algunas ideas para otros padres que se sientan identificados.

Pero también busco que hablemos abiertamente de la salud mental para ayudar también a nuestros hijos a entender su importancia y evitar la promoción de los estigmas y estereotipos sobre el tema. ¡Es necesario que nos quitemos de la mente la idea de que únicamente las personas con problemas graves visitan el psiquiatra o psicólogo, ya que la salud mental es indispensable para avanzar en la vida y es tan importante como la salud física!

Dentro de poco les contaré mi experiencia con la maternidad. Mi bebé aún no ha nacido pero los retos han sido grandes durante este proceso. Sin embargo, la alegría de ser portadora de vida y llevar conmigo la mejor consecuencia del amor y la prueba de que tengo una misión en este mundo, ha sido también la mejor medicina.

¡Bienvenidos!

Me gradué de periodista y durante los últimos 10 años trabajé para varias empresas de comunicación. Cuando comencé mi familia, me ascendieron al puesto más retador e importante de mi vida y así me convertí en la CEO de mi hogar, como esposa y mamá. A diferencia de otros lugares, en mi empresa el amor y el trabajo hacen la combinación perfecta para buscar el éxito. Mi cliente más complicado es el ladrón inoportuno del gris que diariamente me desafía. Y es gracias a mi equipo, que todos los días lucho por trabajar mejor en el proyecto profesional más ambicioso de mi vida.