Todos estamos de acuerdo con que la negación de la vida NO es algo normal. Por naturaleza nos aferramos a ella, luchamos por no perderla y nos asustamos ante la idea de que algo pueda arrebatarnos nuestros proyectos a futuro o nos separe súbitamente de las personas que amamos.

Quizá por eso lo más espontáneo sea pensar en el grado de locura o “trabe” que debe tener una persona para decidir quitarse la vida y no pensar en los que la necesitan. Pensamos, por ejemplo: “¡Qué egoísta!”, ¡qué tonto! o rápidamente buscamos la nota de prensa que nos confirme que consumía drogas o tomaba medicamentos para la ansiedad, depresión o algún desorden emocional.

En las últimas semanas, junto a la devastadora tragedia del Volcán de Fuego, que ya suma más de 100 víctimas, encontré la triste noticia de tres personas famosas que decidieron quitarse la vida: la carismática diseñadora de modas Kate Spade, de 55 años; el reconocido chef y presentador francés Anthony Bourdain, de 61; y la hermana pequeña de la Reina de Holanda, Inés Zorreguieta, de 33 años.

Los tres con una vida envidiable para muchas personas y exitosos en sus ámbitos de influencia, pero con un denominador común que no pudieron elegir y los hizo perder la última batalla.

Es común que la depresión sea vista como una enfermedad que nos inventamos los egoístas, desocupados de este siglo que andamos por el mundo sintiéndonos incomprendidos e insatisfechos. Pero creo que todos los que vivimos con depresión o cualquier enfermedad mental no dudaríamos en cambiar nuestra “cuota de dolor” en el mundo por una un poquito más llevadera.

Las enfermedades mentales NO son opcionales ni elegibles. Son tan objetivas como cualquier otra y merecen toda la atención y cuidado como las demás.

La muerte de estas tres personas famosas coloca nuevamente sobre el debate público la urgente necesidad de atender adecuadamente a las personas que padecen trastornos mentales y por eso, quisiera que este texto permita una honesta reflexión acerca del estigma que se les ha impuesto a estas enfermedades y el duro prejuicio que recae sobre quienes las padecemos.

Ya que para el mundo es fácil comprender la batalla continua que los enfermos mentales tenemos con nuestros llamados “monstruos personales” me gustaría, como analogía, utilizar la misma historia de ficción para explicar que la depresión es como un enorme monstruo que nos acompaña siempre y al que intentamos mantener dormido. Sin embargo, inevitablemente a veces despierta y nos amenaza sin piedad.

¿Han pensado cómo reaccionarían ustedes si vivieran cotidianamente con un enemigo de esa magnitud?

De acuerdo con el último informe de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), que publicó recientemente la cadena de noticias CNN, en Estados Unidos la tasa de suicidios se disparó entre 1999 y 2016, cuando se produjeron cerca de 45,000 suicidios, más del doble de la cifra registrada ese año por homicidios.

Esa cifra refleja el grave problema que viven en silencio miles de personas alrededor del mundo.

Muchas personas, por ignorancia, piensan que la solución a este problema es “ocuparse más, distraerse mejor y dejar de pensar en sí mismo” y sin duda todo puede agregar valor y ayudar a la persona que lo vive pero NO es la solución más justa ni definitiva.

La depresión es una enfermedad objetiva que requiere tratamiento y que puede superarse con el apoyo médico adecuado. Es un padecimiento que merece todo nuestro respeto y atención para evitar que más personas acudan al suicidio.

depresión

Sin duda son muchos factores los que obligan a una persona a tomar una decisión tan radical, pero en todos los casos de suicidio existe el mismo denominador.

Por nada del mundo justifico ni comparto la decisión de estas personas, pero tampoco puedo criticarlas fríamente, aun cuando imagino el dolor de sus familiares y pienso en el daño involuntario que les han ocasionado para siempre.

Los famosos “demonios” con los que nos imaginan peleando a diario no son más que esas dificultades que TODOS los seres humanos tenemos que enfrentar a lo largo de nuestra vida y que en nuestro caso, a veces se tornan más fuertes que nosotros.

Mientras leía sobre las últimas actualizaciones de la tragedia que enluta a mi país, estas tristes noticias acapararon mi atención y me hicieron recordar que la muerte tiene matices muy diversos y al final, a todos los involucrados nos marca de por vida.

Nadie se acostumbra a la muerte de un ser querido. Los que lo hemos experimentado sabemos que únicamente aprendemos a vivir con ese dolor, pero inevitablemente nos define para siempre.

Por eso, hoy especialmente pienso en los familiares de estas tres personas, en su dolor, en las dudas que todo esto les generará y en ese proceso que deberán asumir para recordar a sus seres queridos en esos momentos de brillo cuando el monstruo que los venció aún permanecía dormido.

Me gradué de periodista y durante los últimos 10 años trabajé para varias empresas de comunicación. Cuando comencé mi familia, me ascendieron al puesto más retador e importante de mi vida y así me convertí en la CEO de mi hogar, como esposa y mamá. A diferencia de otros lugares, en mi empresa el amor y el trabajo hacen la combinación perfecta para buscar el éxito. Mi cliente más complicado es el ladrón inoportuno del gris que diariamente me desafía. Y es gracias a mi equipo, que todos los días lucho por trabajar mejor en el proyecto profesional más ambicioso de mi vida.