Al inicio de mi maternidad no sabía si era únicamente yo, por mi padecimiento, la que vivía con tanta intensidad cada emoción junto a mi bebé; pero luego de unos meses he descubierto que todas, de alguna manera, experimentan emociones opuestas y simultáneas, como las que vivimos las personas con Trastorno bipolar.

Quizá a muchas les parezca inapropiado e injusto este título porque están muy lejos de sentirse “locas”, como suelen llamarnos. Sobre todo, cuando se trata de opinar sobre su maternidad y alguien decide compararlas con las personas más inestables del mundo.

Pero créanme que no es así.

Esta idea, que comencé a madurar desde que tuve en mis brazos por primera vez a mi hijo, es completamente positiva y se las comparto con todo el respeto y admiración que me inspiran por ser portadoras de vida.

Actualmente estamos acostumbrados a ver las enfermedades mentales únicamente desde su lado negativo, el cual nadie niega, pero hay muchas enseñanzas que todas las personas, y no solo los que las padecemos, podemos aplicar a la vida cotidiana.

Por ejemplo: ¿Cuántas de ustedes han querido detener o regresar el tiempo para volver a disfrutar las etapas que ya vivieron y además quieren que pase rápido para descubrir nuevas facetas de sus hijos o verlos cumplir alguna meta? ¿Cuántas veces han deseado no separarse nunca de ellos pero también anhelan que vuelen con libertad y persigan sus sueños?

¿A cuántas les ha durado muy poco tiempo un enojo ante las travesuras o rebeldía de sus hijos, luego de verlos unos segundos y pensar cómo podrían ayudarlos mejor? ¿Quiénes se han sorprendido de lo rápido que su mente planifica el futuro junto a ellos, incluso imaginándolos 30 años más tarde junto a sus nietos?

La maternidad nos hace vivir al límite y no solo a las que tenemos Trastorno Bipolar.

Todas en algún momento nos sorprendemos de la intensidad con que vivimos cada momento junto a ellos. Las madres sufrimos junto a nuestros hijos cada enfermedad y tristeza que padecen y también celebramos con éxtasis las alegrías y logros que tienen a lo largo de su vida. Aprendemos a lidiar con lo bueno y lo malo de forma permanente, y a diferencia de quienes debemos tomar distintos fármacos; en la maternidad nuestro único antidepresivo y estabilizador es la sonrisa y el amor de nuestros hijos.

Me atrevería a decir que junto al don de la maternidad que Dios nos da, en el paquete también nos envía un dinamómetro que se activa automáticamente y siempre se mantiene en su máxima fuerza. Quizá muchos lo conozcan como “amor de madre” y quienes lo somos comprendemos que no es fácil definirlo ni puede catalogarse como algo negativo.

¿Ven cómo la idea no es tan descabellada? ¡Por favor no se ofendan con esta analogía y disfruten todo lo que implica esta hermosa locura!

Me gradué de periodista y durante los últimos 10 años trabajé para varias empresas de comunicación. Cuando comencé mi familia, me ascendieron al puesto más retador e importante de mi vida y así me convertí en la CEO de mi hogar, como esposa y mamá. A diferencia de otros lugares, en mi empresa el amor y el trabajo hacen la combinación perfecta para buscar el éxito. Mi cliente más complicado es el ladrón inoportuno del gris que diariamente me desafía. Y es gracias a mi equipo, que todos los días lucho por trabajar mejor en el proyecto profesional más ambicioso de mi vida.