Anécdotas anteriores

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Fátima tenía un alto interés por cortarse el cabello. Un día que Renato llevó a los varones de la familia para que les dieran un nuevo look, Fátima me llamó a mi trabajo para saber si le daba permiso de cortárselo. Yo le dije que no había problema, pero lo simpático fue cuando hablé con Ximena y le pregunté si ella también le haría ruedo a su cabellera. Me contestó: ¡No mami, yo no confío en los hombres!  Mejor espero que tú me lleves…



Y Gretel sigue ahí…

¿Recuerdan a la dulce niña del dulce nombre, que Emilio conoció en el parque? Pues no sé si es el destino, pero siempre que mi hijo va al parque allí está la niña. A mí me da un brinco el corazón, porque pienso ¿será coincidencia?, ¿la niña controla a Emiio?, ¿A Gretel no le sucederá la historia del Muelle de San Blas que inmortalizó Maná en una canción?

Cualquiera que sea la respuesta, sospecho que los celos de madre me llevarán a sugerirle  a Emilio que cambiemos a otro de los parques de nuestra colonia. Mua,ja,ja…

Jugando a ser Santa

Ayer, martes, fue la clausura del curso de vacaciones de mis hijas mayores. Al final, les entregaron tooodas las manualidades que elaboraron durante mes y medio.  Cuando me las iban enseñando, me decían: ésta se la voy a regalar a Mamá Juanita, ésta a tía Lesbia, este llavero es para ti…  Y así todo tenía un dueño.

Me encantó comprobar que todo lo que hicieron tenía un destino y por eso mismo habían puesto más cariño cuando lo fabricaron.  Por mi parte, el llavero que me regaló Ximena, custodia desde ya las llaves de la oficina.

Una lección

Como saben, el jueves pasado fue el cumpleaños de Emilio. Renato y yo estábamos preocupados porque justo ese día tuvimos mil contratiempos y no pudimos estar con él todo lo que queríamos.  En fin, le llevamos un pastel pero sabíamos que era probable que protestara por el abandono de sus padres.  
Mientras íbamos a la casa de mis papás a traer a toda la marimba, tuvimos una buena idea.  Pensamos que como su regalo se lo compraríamos hasta el fin de semana, le caería bien que le lleváramos un detalle.  Éste se materializó,  nada más y nada menos, en un sencillo barrilete.  Cuando se lo dimos se le iluminó su rostro y nos dijo: «¡Qué nindo», gracias!  Nos dio un gran abrazo que cerró la lección de sencillez que acababa de darnos.

¡Competencias!

Todos los domingos la Marimba se acomoda para ver un nuevo capítulo de Amazing Race. La mayoría tiene a su equipo favorito y vibra de la emoción por que éste llegue primero o por lo menos no sea descalificado. 

En el último episodio, el equipo al que yo le iba, después de ir en primer lugar  llegó de último y lo descalificaron.  Ximena casi saltaba porque «Toño y Lili llegaron de primerito». Reía descontroladamente y entre una y otra carcajada me decía: lástima que se fueron los Edison…  ¿he de creer que lamenta la partida de mi equipo?

Let it be

Para su clausura, Emilio debía ir vestido nada más y nada menos que de tortuga. Cuando supimos la noticia, Renato y yo sólo torcimos los ojos porque ya nos veíamos confeccionando el traje.  Por nuestras múltiples ocupaciones lo empezamos el jueves a las 20:30 hrs. El evento era el viernes. 

Gracias a su entusiasta tía Lesbia, el traje no sólo se terminó a tiempo sino que además quedó muy bonito.  En cuanto el disfraz fue terminado, Emilio se lo probó y quería correr y saltar con el traje que asustaría a cualquier tortuga que lo viera. Por su ilusión, nadie sospechó lo que pasaría al siguiente día.  Con la velocidad y astucia de un zorro, Emilio se escondió y nadie, absolutamente nadie lo hizo pasar al escenario a lucir su trajecito.  Pero eso sí, se dejó tomar cualquier cantidad de fotos.  Es notorio que su ilusión era lucir el disfraz y en lo que menos pensaba era en bailar frente a una multitud de madres ilusionadas.

Eso de vivir entre mujeres

No es raro que Emilio se vea atrapado en un remolino de opiniones femeninas sobre infinidad de temas. Pero como él también es hablantín, llega un momento en el que inevitablemente debe llamarlas al orden. Entonces se escucha:  ¡Dejenme hablar!  Y entonces las tres hermanas medio callan y dejan que su vocecita se escuche.
Pero como en ocasiones habla muy rápido y a veces, en virtud de la precisión, hace unos sonidos raros mientras encuentra la palabra adecuada; mis hijas terminan impacientándose hasta que Ximena le dice: Ya Emilio, ya no sigas hablando porque ya me mareaste.

A ver qué hace cuando cumpla 18…

Uno de los nombres que más nos costó elegir fue el de Anneliese, cuando estábamos al borde del nacimiento y atrapados en la encrucijada de ¿cómo la llamaremos?  apareció el nombre nada más y nada menos que en la película Barbie Princesa y Plebeya.  Anneliese nos gustó mucho. Tenía sonoridad… pero no caímos en la cuenta que también complejidad. 

Muchas personas la llaman Alelí, otras Analis y así podría mencionar un largo etcétera. Nuestra chiquilla ya se ha percatado de eso. Hubo un etapa en la que hacía llamarse Jane (como la del programa Hi5) y ahora que está en un curso de vacaciones, en su gafete dice Ana. Renato le dijo, que se lo cambiaría y ella se negó rotundamente repitiendo… ¡me llamo Ana!   De haber sabido, la hubiéramos bautizado con el nombre de su abuelita materna y santo remedio.

¡Qué viva la Revolución!

En la casa de la Marimba, obviamente ayer todos amanecimos contentos porque era día familiar.  Desde temprano, mis hijas insistieron en que definieramos nuestros planes. Así que armamos un horario colorico y en éste incluimos una ¡guerra de globos!

Empezamos llenándolos  y la adrenalina subió y subió hasta que nos mojó antes que el agua.  Era claro que las víctimas favoritas iban a ser los papás…  El Rabito mejor se entró porque no quería que nadie lo mojara.  La guerra inició y me agradó ver que Renato y yo aún no hemos perdido nuestro buen pulso. Mojamos a nuestras hijas que fue gusto, aunque ellas también acertaron varios bombazos.

¡Mua ja ja ja!

Salimos todos juntos a jugar el sábado. El primer enfrentamiento fue de matado. Renato y yo mostramos que no hemos perdido del todo nuestros reflejos y nuestras hijas, ni se diga. La lucha era a muerte hasta que Fátima cometió el error de correr de espaldas entonces, su mami, sin piedad… ¡la mató!

Simplemente, Fátima no quería creer lo que había sucedido. Le costó trabajo asimilarlo. Lo que sí hizo de inmediato fue perdonar a su victimaria.

El placer de dormir

Unos de esos días en los que el clima invita a emponcharse, Emilio se durmió a las 5:30 p.m.  Mientras él dormía la vida seguía en su hogar… los quehaceres no terminaban. Alrededor de las 10:30 hrs. el durmiente despertó y como vio una intensa actividad a su alrededor dijo: ¡Buenos días!   Renato sonrió y le dijo: no me mates, Emilio… yo todavía no me  he acostado.

Entendiendo el sentimiento de su progenitor, Emilio se trasladó de cama y se volvió a dormir.

Sin comentarios

Ya había pasado tiempo sin que se registrara una migración tan masiva. Cierta noche desperté y encontré a tres niños y un adulto junto a mí. ¡¿Dios -pensé- cómo es que cabemos cinco en una cama?! Me levanté por necesidades de la vida y cuando quise regresar al lugarcitito que ocupaba, éste ya había desaparecido. Chiste cruel.

Agarré mi cojín y fui a compartir litera con Fátima.

 ¿Quién dice que McGiver ya pasó de moda?
Un día de estos, Renato preparaba su currículum vitae y dentro de su experiencia incluyó: Solución de problemas y  conflictos.   Ximena, siempre avispa para ver qué capta, la frasecita se le quedo grabada.  Una veintena de horas después teníamos inconvenientes con su mochila pues el carrito del ziper ya no servía y, obviamente, la niña no podía ir al colegio con la mochila abierta. 
Entonces, con mucha seriedad me dijo: consultémosle a papi. Él tiene experiencia en resolución de problemas. Yo me reí de la ocurrencia, pero me pareció  una decisión sensata. En efecto, McGiver encontró una solución.

Otra intro-misión del genio del idioma

Con todos los nervios de la entrevista y las fotografías para el reportaje de elPeriódico, todos estábamos cuasi listos a la hora indicada. Fátima de forma insistente, preguntaba:

– ¿A qué hora va a venir la prensadora?
– La periodista, la corregíamos nosotros.

A los cinco minutos, lo mismo:
– ¿A qué hora va a venir la prensadora?
– Es periodista, no prensadora.
– ¡Ay, a mí me gusta decirle prensadora!

Yo mejor ya no le insistí.  Si el genio del idioma había metido esa relación en su cabeza (prensa – prensadora), nadie la iba a disuadir.

Un pequeño error que cambió todo

Ximena decidió participar en un concurso de dibujo sobre la Navidad. Además de ilustrar, debía escribir una frase que estuviera relacionada con la esperanza o el amor de Dios. Ella eligió la primera y quiso escribir «Tu nacimiento inunda nuestro corazón de esperanza».  Sin embargo, al revisarlo noté que en lugar de inunda decía inmunda… Aparte de morirnos de la risa con Ximena, yo le dije que cuando su papá regresara le pediría el corrector y arreglaría el problema. Ella tenía que ir a dormirse ya.  

Cuando Renato volvió, el liquid paper pasó pero por mi mente, porque en lugar de corregir el asunto, fui a comprar un sobre manila, introduje el dibujo y lo sellé con satisfacción.  Así que los organizadores o se escandalizaron o se murieron de la risa al leer «Tu nacimiento inmunda nuestro corazón de esperanza»…

El primer dato para el currículum vítae

Emilio ha sido elegido para ser el abanderado de Pre-kinder. El día que le dieron la noticia a Renato y él lo animó para que la transmitiera a toda la familia, Emilio no sabía qué cara poner… ¿de vanidad? ¿de humildad? ¿de alegría? ¿de fama? Bueno, al final hizo un gesto muy característico como cuando se chivea (abre la boca y mira para el cielo) y dio la última hora.

Todos le aplaudimos y empezamos a llamarle «Banderita Motta«, título oficial que damos a los abanderados de nuestra familia.

El peso de los paradigmas
Uno de esos días de juego en la calle, Fátima propuso que jugáramos a los gatos y ratones. Todos estuvimos de acuerdo, pero dijimos que después de correr al ritmo del tradicional «agua limpia, agua limpia, agua sucia, agua sucia…»

Cuando terminamos el dichoso juego de las agüitas, Anneliese dijo. «Va pues, juguemos a Tom y Jerry».


¡Hombres!

A Emilio le gusta que su mami le dé besitos y por supuesto, que lo cargue como si aún fuera un bebé de cuatro meses. Pero últimamente, cuando le planto un beso en la mejilla me pregunta:

¿Me dejaste pintado?

Entre risas, le respondo que no… y le contrapregunto: ¿Por qué?  No me responde. ¿Qué he de pensar?  ¿Qué le disgusta tener un beso grabado? ¿Qué le gusta? ¿Qué tengo competencia?

El necesario inglés

Con gran afán, Renato ayudaba a Ximena a estudiar Inglés. Estaban en eso de he is y she is. Entonces, vino la pregunta:

Your teacher is tall?

Ximena pensó y le respondió a Renato: Yo no tengo maestros, sólo maestras. Yo, escondida en la cocina, ahogaba mis carcajadas mientras pensaba: Necesitamos un curso de inglés sin barrotes, de Don Cheyo.Con paciencia, el teacher renovó la explicación y entonces sí, Ximena afirmó:

Yes, he´s tall.

Y siguen los silogismos

¿Recuerdan aquella historia sobre la lógica de los niños?  Pues ahora, otro botón sobre esto.

Emilio, estornudó tres veces seguidas y yo le dije: ¡salud!, ¡salud!, ¡salud! Él extrañado y mirándome a los ojos, me preguntó:

¿Por qué me estás saludando?

Las suyas y las ajenas

Nícolas había sido un niño modelo hasta que descubrió que ser pícaro algunas veces es divertido.  Así que ahora, imita a sus hermanos en algunas travesuras pequeñas, pero travesuras al fin.

Vive para quitarse los calcetines y los zapatos, toma agua del chorro o de donde puede agarrar, le grita al inocente Rabito, tira todo lo que encuentra en su camino…  Ahora ha optado por taparse los oídos y cantar la,la,la,la,  cuando alguno  le llama la atención ante cualquier travesura.  Por supuesto, el verlo con las manos tapándose las orejas, desarma a cualquiera de sus hermanos y convierte el enojo en risas.

El ADN

Renato y yo nunca fuimos bailarines excelentes. Es más, yo soy la más tiesa entre las tiesas…  Mis hijas, lamentablemente, heredaron los movimientos unilaterales para bailar.

Recientemente, en la Primera Comunión de una de mis sobrinas celebraron con pastel y baile. Había dos niñas que rompían los esquemas de baile infantil y danzaban como expertas. Mis hijas las veían y trataban de imitarlas…

Después de varios intentos, Ximena fue a sentarse y me dijo: «Estoy cansada… esas niñas son muy movidas».

¡Hombres!

Emilio está muy dispuesto a defender su amor idílico conmigo.  Ayer que íbamos en el carro, habló seriamente con Renato y le dijo: 
– Papi, está prohibido darle besos a mami en la boca, sólo se los puedes dar en la mejilla.
– No, Emilio, porque tu mami es mi esposa y puedo besarla en los labios.
– ¡No! Tú le das muchos besitos. Ahora sólo la puedes besar en la mejilla, si no te voy a dar un castigo.

Renato prefirió no darle largas a la discusión… A ver qué sucede cuando Emilio nos sorprenda dándonos besos de pajarito.

Camino al reinado

Fátima fue electa candidata de su clase para participar en la aguerrida elección de Reina Infantil.  Años atrás ya habíamos pasado por esas penas y carreras, pero ahora tenemos una presión más. Ximena ha asumido el cargo de Mannager, así que está detrás de sus despistados padres diciendo: Falta la banda, la fotografía tamaño cédula…  Hay que comprar más dulces, los que trajeron no van a alcanzar. ¿Qué vestido va a llevar Fátima?
Hoy, que Fátima debía lucir en todo su esplendor, fue una locura total.  Así que crucen los dedos para que el camino al reinado tenga más rosas que espinas.

Los embates de la fama 

Emilio tiene un suéter con una peculiaridad: Rayo McQueen brilla si él salta o hace un movimiento más o menos intenso. Como le gusta mucho, siempre se lo poníamos cuando iba al colegio. Hasta que un día dijo que no le agradaba llevarlo porque los otros niños le pegaban en el pecho con tal que Rayo McQueen les guiñara el ojo y encendiera sus luces.

Ahora, esta prenda sólo la viste el fin de semana… y por supuesto, sólo brilla cuando él quiere que lo haga.

Estrategias, sencillamente estrategias

El sábado fue un día intensanmente familiar. Temprano, mañana deportiva en el colegio de mis hijas mayores. En la tarde, celebración del día de la familia en la guardería de mis hijos pequeños. Así que fue todo un subibaja de actividades.

Entre todas, yo escogería la ronda de lotería en la que participó Emilio. Después de varios intentos en otros juegos no había ganado nada. Y él sólo repetía: ¿Cuándo doy a ganan ago? ¡Ay Dios mío! -pensaba yo- si eso dependiera de mí, ya te habría dado las estrellas, pero hay que tener buena suerte o buen pulso, o…

Al final de cuentas, le dije: «Vamos a la lotería», pero cuando vi a todos los jugadores pensé -mujer de poca fe- que era muy difícil que ganaramos. Además, Emilio escogió un cartón que no tenía muy buena cara. Incluso traté de disuadirlo para que cambiara, pero luego pensé que mejor respetaría su decisión.

Empezaron a cantar y nada… no salía ni la muerte, ni el pájaro, ni la garza, ni el valiente. Los otros participantes de vez en cuando, ponían sus frijolitos y Emilio nada. En eso, como una tormenta de buena suerte, las nuestras fueron saliendo una tras otra. Ya sólo faltaba una. Ximena y yo, nos pellizcábamos de los nervios. Emilio miraba el cartón y sus frijolitos, sus frijolitos y el cartón. Como a varios les faltaba sólo una figura para ganar, decidí hacer trampa. Le pedí a los tres ángeles de la guarda (el de Emilio, el de Ximena y el mío) que saliera nuestra tarjetita. Entonces, la encargada gritó:

– ¡La muerte!

– ¡Lotería! gritamos Ximena y yo como locas. Emilio nos vio con emoción.

Luego, recogimos un camión que lo cautivó y que no ha dejado de recoger tierra y piedras.

Snif, snif

Fátima es una de mis hijas más emprendedoras. Para las vacaciones del año pasado se dedicó varios días a pintar caritas a los vecinos de nuestra cuadra. Reunió una cantidad no muy jugosa de dinero, porque con tal de promover su negocio lanzó una oferta: Los niños menores de cinco años, no pagan.  Bueno, al final de cuentas, ella estaba contenta y ahorró su dinerito.

Hace poco, se le ocurrió otro gran negocio. Normalmente, me piden que les lleve dibujos del famosísimo Cowco para pintarlos. Yo les doy gusto porque son una buena herramienta para que se entretengan.  Pero Fátima decidió que ya no los iba a colorear, que mejor  los iba a vender en el colegio a Q1.  El viernes, la encontré exultante porque había cerrado una venta. Con mucho orgullo me enseñó su billete. La felicité y así quedo.

Ese mismo día, fuimos a celebrar el cumpleaños de Nícolas. Como sabemos que todos deliran con los juegos de Burguer King, entonces decidimos ir a almorzar allí y  el sábado comeríamos pastel en un ambiente más familiar.  Antes de bajarnos del carro, Fátima me tomó de la mano y me dijo: Mami, toma mi quetzal por si no les alcanza el dinero… Vacilé un momento, no sabía si recibirlo o no. Al final, con un beso y una sonrisa le dije: Gracias, amor. Nos va a ayudar mucho.  ¿¡Díganme si esto no es para llorar de la ternura o sólo porque yo soy su mamá lo veo así?!

La discípula es más que la maestra

Con mi amplia experiencia en la cocina, compartía con mi cuñada la receta de las croquetas de papa. Y paso a paso, le explicaba cómo se machucaban las papas, uno que otro tip para que la masa no le quedara ni chiclosa ni «arrozuda».

Con una indignación que me hizo recordar mis arranques de frustración ante algunos textos que se publican en medios de comunicación o que escriben los alumnos, Ximena me corrigió: «Mami, ¡arrozudo! ¡Esa palabra NO EXISTE!» Yo no pude más que tirarme una sonora carcajada y le respondí: «es cierto, no existe… pero no sabía como explicarle a la tía que no debía echarle mucho arroz».

Los ojos de mi discípula del lenguaje miraron al cielo y seguramente pidieron clemencia para ese ser humano que acababa de infringir las sempiternas leyes de la precisión.

¡El carro, papi, el carro!

Una noche se disponía la marimba completa a rezar antes de dormirse. La mamá piruja estaba trabajando, así que sólo oía las peticiones. Renato, dirigió el rezo. Después de las acostumbradas oraciones al ángel de la guarda, a la Virgen, a Jesús Niño; venían las peticiones personalizadas. Entonces Renato decía:

– Jesús, te pedimos por los niños que no tienen a donde ir.
– Papi, ¡el carro!, gritaba Anneliese.
– Virgen Santa consuela a los enfermos y a los que no tienen que comer
– Papi… ¡el carro!, insistía nuestra musa.
– Protege a nuestra familia…
-¡El carro..! Papi, ¡el carro!
– Señor, danos los medios para comprar un carro nuevo, rezó Renato atendiendo los casi gritos de Anneliese.

¿Eso es tener fe o no?

¡Ay, el lenguaje corporal!

Emilio se quejaba que Anneliese estaba molestándolo hasta el infinito. Le dijo a su abuelita que ya no soportaba más.  Mi dulce madre no tuvo mejor idea que animarlo para que no le hiciera caso porque Anneliese estaba… y le hizo la típica señal de locura: un dedo dando vueltas alrededor de la oreja. 
Más rápida que un rayo, Anneliese replicó: «Yo no estoy loca»… y por supuesto siguió molestando.

Amor a domicilio

Existen momentos en la vida familiar en los que los detalles o expresiones de cariño que los hijos tienen con sus padres, dejan sin aliento. 

Un día, después del trabajo llegué soñolienta y con ganas de dejar mis zapatos en la puerta y andar descalza por allí.  Después de saludar a cada uno, me senté un momento.  En eso, sentí que Nícolas (casi 2 años) me estaba quitando mis zapatos.  Yo quise decirle que no lo hiciera… pero al final de cuentas le seguí lo que para mí era un juego. Se llevó mis zapatos y al regresar traía el calzado que uso para estar en mi casa. Los zapatos más viejitos, cómodos e inigualables.  ¡Guau -pensé-, qué detalle!   Le di un gran beso y un abrazo de oso.

Peace & Love

Emilio le pidió a su tierna madre que le contara un cuento. Yo siempre le pregunto sobre qué lo quiere. Esa vez me dijo: de los Power Rangers. ¡Qué difícil inspirarme! pensé yo… pero lo intenté.  La cuestión es que entre que a mí no me gusta que los hombres jueguen de peleas y hace muuuuuuucho tiempo que no veo la bendita serie; le paré contando una rosa historia en la que la Power Ranger amarilla le decía a sus colegas que no pelearan, que eso no era bueno… que peace and love.
Total, Emilio me vio con indignación y prefirió dormirse antes que pedir otra historia que terminara en un final feliz…

Una niña bilingüe
Seria, muy seria Anneliese le decía a Emilio:
– Guachi, puchi, luri, poro guachi…
Él era verla y moría de la risa. Hasta que Anneliese se cansó y le dijo: 
– Si me seguís molestando, te dejo de hablar en inglés…